CAMAGÜEY.- Hace veinte años, por última vez, Fidel estuvo en Camagüey. En ese entonces sus pasos se encaminaron al “corazón productivo” de esta provincia, la industria azucarera. Él fue siempre así, cada mirada suya iba al centro mismo de cada asunto, como si le faltara el tiempo para hacer y debiera dejar trazados los derroteros que algún día –en solitario– habríamos de seguir.

Fue en el año 1996 cuando acudió dos veces a indicar el camino correcto para que nuestra principal industria se mantuviera como pilar del desarrollo. Los trabajadores del “Cándido González” se habían convertido en los primeros cumplidores del plan de azúcar en el país, y para reconocerlos y comprometerlos a llegar más allá, el Comandante viajó hasta Santa Cruz del Sur. Durante el trayecto hizo escala en el “Jesús Suárez Gayol”, el último de los colosos fabriles que la Revolución había construido en la década de los ‘80, para que el azúcar no fuera más símbolo de atraso sino motor hacia tiempos mejores.

Sin embargo, su miraba apuntaba más allá, y luego del encuentro con los cumplidores, también tuvo palabras de aliento para quienes –como los del “Panamá”-- enfrentaban momentos difíciles en la labor de convertir las cañas en dulce, en divisas... Eran los días en que el antiguo “Vertientes” penaba para llevar adelante su contienda, de la mano de una de las pocas mujeres que en el país se atrevían a tomar las riendas de un “monstruo” así.

Veinte años después Mayra de la Cruz Marrero todavía recuerda cómo el Comandante se empeñó en hacerle anécdotas de la Sierra y motivarla junto a sus subordinados para luchar por conducir el ingenio a mejores tiempos. “Comandante, quisiera que usted enviara un mensaje para los trabajadores del "Panamá", para que ellos me puedan creer que usted habló conmigo... ”, recordaba Mayra hace algunos meses, en una entrevista publicada por Adelante Digital.

Sus pocas palabras, escritas en un file de partes diarios, siguen marcando un punto de inflexión en la historia de esa industria a punto de volver a echar a andar sus máquinas: “Para los seguros vencedores del Panamá, un fuerte abrazo, Fidel Castro Ruz, 12 de febrero de 1996”.

Dos meses más tarde los pasos del Líder de la Revolución se encaminarían hasta la zona norte de la provincia, rumbo a los campos cañeros del municipio de Esmeralda y el central Brasil. Muchos pobladores recuerdan aquella visita, que ven como anticipo del renacer de  la industria que por algunos años permaneciera detenida, pero que hoy se mantiene como una de las más importantes del territorio.

Fue Fidel uno de sus más enconados defensores, seguro de que Camagüey podía preservar y desarrollar una rama productiva que trasciende por mucho los límites del beneficio económico. Así fue él, a pesar de no haber vuelto a estar físicamente en la provincia. No importó, su presencia –como ahora– jamás toleró convencionalismos.