CAMAGÜEY.- Hoy la noticia es otra, aunque con el mismo protagonista de una semana atrás. Se trata de Armando Jesús Concepción Álvarez, de 48 años de edad, a quien visitamos en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech.

Luego de permanecer unos días en la sala de Cuidados Intensivos pasó a la de Cuidados Intermedios y se encontraba en plena preparación para ser trasladado a la de Medicina General.

Conversó, sabe que puede incorporar nuevos alimentos a su dieta, caminó sin ayuda y hasta jaraneó acerca de varios accidentes del tránsito sufridos, pero ninguno con tanto impacto como esta intervención quirúrgica, la primera de su tipo realizada en Cuba. Al respecto se pregunta: “Con tantos millones de cubanos, ¿por qué yo el primero?”, por supuesto, la respuesta es unánime: “¿Y cuántos en el mundo la han necesitado y no han podido ser beneficiados?”.

Armando Jesús ya no tiene el tumor que le comprometía la pared torácica y el mediastino, muy pegado a su pulmón derecho, ni los malestares que le provocaba. Ahora vivirá con una prótesis, conocida en términos médicos como somatoprótesis del cuerpo del esternón —porque hubo que quitárselo—, además de tres costillas.

Agradece a tantos que resulta imposible una lista exacta. Dijo que todos se han portado de manera excelente y hasta lo han “malcriado”. Mencionó al personal de ropería, al de enfermería, su médico y cirujano principal, el Doctor en Ciencias Médicas Miguel E. García Rodríguez, el Dr. Raúl Koelig Padrón, especialista de 2do. grado en Cirugía, y los doctores Manuel A. Chávez Chacón, de México, y Adrián Díaz Domínguez, de Morón.

LA INTERVENCIÓN POR ADENTRO

Cuando nuestro equipo llegó al hospital, estábamos ávidos de saber cada detalle, pero cada vez que queríamos adentrarnos en la noticia de la primera operación de este tipo en el país, encontrábamos casi una traba: “Aquí lo importante es que este hombre va a resolver su problema de salud, vamos a salvarle la vida”.

Ya en el quirófano seguimos con la insistencia, aunque la disciplina se imponía. A las 11 y 30 de la mañana comenzó el acto quirúrgico. Pensé que iba a presenciar un susto a flor de piel y me equivoqué. Sí había cierta tensión, en todas las operaciones por simples que parezcan la hay; sin embargo, cuánta seguridad y destreza.

Antes de comenzar, Miguelito, como le decimos al Dr. Miguel, me aseguró: “Todo va salir a bien”. Él y el Dr. Koelig solo se miraban y actuaban con una habilidad y compenetración admirables; no parecía ser el primer caso de esta naturaleza en sus manos.

Otro momento crucial fue cuando se comprobó que a la prótesis no había que ajustarla en lo más mínimo. Pieza clave en esta historia fue el equipo multidisciplinario que garantizó cada detalle a la hora de concebirla, las imágenes que facilitaron su elaboración, e incluso, para que el paciente no presentara dolores muy intensos en su etapa de recuperación. El diagnóstico desde el punto de vista imagenológico de la Dra. Elizabeth Ramírez Reyes fue impecable, al igual que la preparación de la prótesis biocompatible por la estomatóloga Dra. Ludmila Acosta Rondón.

A la 1 y 40 de la tarde concluyó sin una sola complicación el acto quirúrgico. Terminado este, Armando fue despertado y respondió a cada pedido de los médicos.

UNA INCONFORMIDAD Y LA ÚLTIMA PREGUNTA

Resulta indescriptible lo que sentimos al ver a los doctores Miguel y Koelig chocar sus manos deportivamente por encima del paciente. Tal satisfacción la transmitieron a todos, luego se estrecharon en un fuerte abrazo de cirujanos, de amigos y con mucha alegría. Esas dos imágenes no las conseguimos por “traiciones” de la tecnología.

Mi última pregunta fue al Dr. Miguel: “¿Cómo pueden resistir tanto desde el punto de vista físico?”. “Cuando logras salvar una vida se quita todo, hasta el cansancio”.

Tras 56 años de funcionamiento, el personal del “Manuel Ascunce” no deja de sorprender a pacientes y familiares, en definitiva los más beneficiados y agradecidos.