CAMAGÜEY.- Todavía la huele, aunque no con la intensidad que le cogía un mechón cuando pequeñito. Pudiera leerse como un colmo, pero la doctora Yadira Zayas no sabía que su hijo Ernesto tenía trastorno del espectro autista.

Todo iba aparentemente bien, cuando al año y medio de edad notó conductas diferentes: no hablaba, rechazaba al hermano y que le hicieran fotos; solo quería estar con ella, la abuela y el papá; se pegaba a las paredes como buscándoles los ángulos; se concentraba con los carritos y ponía los ojos a la altura del borde de la mesa para ver el movimiento de las ruedas.

En el círculo infantil también se aislaba, entonces procuró una logopeda y una defectóloga. Ante el diagnóstico de la comisión multidisciplinaria, Yadira comenzó a estudiar sobre autismo. De misión en Venezuela supo de un caso, pero en la carrera de Medicina, cuando tuvo oportunidad de recibirlo fue en quinto año, en la rotación por psiquiatría infantil, donde se da aunque no sea trastorno psiquiátrico. 

Ella considera imponderable la profundización en el programa formativo de salud. Como especialista en Medicina General Integral ubicada en consultorio dice que los autistas no figuran en las clasificaciones de pacientes en esa base de la atención primaria.

¿Qué es el autismo? De causa desconocida, pero no es síndrome ni enfermedad ni trastorno genético, sino un desorden neurológico: el sistema nervioso funciona bien por separado. Por eso acudió a la educación especial.

“Mamá dame agua” habló por primera vez, de un tirón, a los cinco años. Ahora cursa segundo grado. Lee y escribe en letra cursiva y de molde. Sabe multiplicar, mas le cuesta restar y sumar porque eso requiere del pensamiento abstracto. Llega a un parque y busca amigos. Trata con ternura a las niñas. Por la memoria visual, piensa Yadira que quizá sea rotulista o diseñador.

Su hijo todavía presenta estereotipias o movimientos involuntarios que lo llevan al mundo que quiere, pero “desconectado” no lo deja porque equivale a perderlo un poquito.

En medio de todo, y con el esposo otra vez de misión, Yadira matriculó la residencia en dermatología, casi al vencer. Por Ernesto aprendió a dar prioridades que sucumbían en las rutinas del hogar, a viajar con su olor, a rescatarlo de mundos ignotos y a confirmarse que existe cuando la besa y la llama Mi Princesa.

Ernesto en la clase de Economía Doméstica, escuela Héroes del Moncada.Ernesto en la clase de Economía Doméstica, escuela Héroes del Moncada.