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31 | 07 | 2010 | 20 : 02
La aberrante afrenta de marines a Martí
Jueves, 11 de Marzo de 2010 09:07
Marcos Alfonso (AIN)

El día 11 de marzo había amanecido repleto de sol y el capitán del U.S. Navy, para sorpresa de los marinos, dijo con voz de regaño: "Free day" (día libre) y los uniformados, sin pensarlo dos veces, bajaron veloces la escala y se internaron por los sitios menos imaginados de La Habana. Corría el año 1949.

Bares de toda laya, fondas, burdeles... afloraban por diversos puntos de la ciudad, y los marines norteamericanos salieron de correría.

En horas de la noche, la rápida actuación policíaca aquel día salvó al grupo de infantes de la ira popular. El daño estaba hecho y debía repararse de la manera, al parecer, más lógica y silenciosa posible: aprehendiendo a los ebrios uniformados de la armada de los Estados Unidos antes de que las cosas se tornaran peores.

La fecha de marras, borrachos y hasta tal vez drogados, los marines, tocados de blanco uniforme, quebraron los límites de la dignidad: en el Parque Central de La Habana ultrajaron la estatua de José Martí. Incluso, uno de ellos trepó hasta lo alto del pedestal y, sentado a horcajadas sobre el rostro del Apóstol, tuvo la desvergüenza de orinar.

Los transeúntes, indignados y humillados en su honda fibra de cubanos, protestaron y lanzaron objetos contra los trasgresores. La policía actuó de súbito, reprimió a los patriotas y protegió a los estadounidenses con el supuesto arresto hasta la entonces Primera Estación (Monserrate y Dragones).

La Habana, para la época entonces -e incluso desde muchos años antes-- era el gran prostíbulo de los marinos norteamericanos cuando sus barcos, surtos en el puerto citadino, hacían escalas en sus travesías latinoamericanas.

El arresto de los marines ante aquella grotesca e irrespetuosa afrenta duró justo hasta que hizo su entrada en la unidad policial el capitán Thomas Francis Cullens, agregado naval de la Embajada de EE.UU. en Cuba.
Pese a los intentos oficiales por ocultar aquel suceso, el cotidiano Alerta publicó con amplio destaque en su primera página la foto que denunciaba la irrespetuosa canallada.

A la par de la circulación del periódico, estudiantes de la Universidad y del Instituto de La Habana , junto a la población, se concentraron para protestar frente a la embajada norteamericana en la capital. El embajador, con burlescas disculpas, anunció a la multitud que, como sanción, se suspendió el pase a los marines.

Quienes sí fueron reprimidos y hasta golpeados fueron los estudiantes, entre quienes se encontraba el entonces líder estudiantil Fidel Castro. El destino de algunos fue la antigua Casa de Socorro de la calle Corrales.

Este hecho es muestra elocuente de la política imperial hacia Cuba, que trataba a la Isla como otro estado más de la Unión.

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