Las precipitaciones ocurridas de enero a julio en este territorio, cuantifican por debajo de la media histórica,  y de los últimos 16 años, en 13 ha habido ausencia de lluvia, incluido  el actual calendario con el quinto lugar en el aciago indicador que hoy sigue siendo adverso en las predicciones meteorológicas de finales del 2015, cuando comienza el nuevo período seco.

Los 54 embalses principales reservan solo el 25,6% de sus capacidades. Los 12 destinados a la población almacenan el 44,4, y los volúmenes de los acuíferos subterráneos descienden aceleradamente, por lo que  más de 30 360 personas soportan la escasez de agua y unas 8 026 de manera crítica, reciben el vital líquido en pipas con las irregularidades que este servicio afronta.

Los asentamientos de Sibanicú, Jimaguayú, Nuevitas y Batalla de las Guásimas, precisan de medidas austeras de ahorro y alternativas locales y foráneas de abasto urgentes, debido a que las presas suministradoras cercanas como Unión II, Mañana de la Santa Ana, La Jía… están colapsadas.

Por la baja humedad de los suelos y depresiones de las fuentes Muñoz, en Florida, Najasa I, Jimaguayú, San Pedro, El Porvenir…la siembra y cosecha arroceras del sur y medio sur provincial apuntan cuantiosas pérdidas, y los planes cañeros también, aunque puede aprovecharse el rígido oreo para preparar los suelos en espera de un  evento climático “inesperado”, nada descabellado ni en contra de los pronósticos, dado los cambios atmosféricos que se producen en el mundo.

El déficit de lluvia para los cultivos varios y la ganadería, cuyas tierras son dependientes en un gran por ciento de las bondades “celestes”, causa los mayores estragos con pérdidas significativas en sembradíos de ciclo corto, granos… y en el plátano, en tanto los bovinos y demás animales son más vulnerables por no contar con las reservas alimentarias que año tras año se planifican para preservar los cultivos, la masa animal y no se cumplen.

La Acuicultura, un renglón alimentario distintivo de la provincia, acusa pérdidas en millones de larvas y alevines que ponen en peligro futuras “cosechas” de peces y la captura presente en la mayoría de los grandes embalses donde operan, entre otros, la productiva presa de Jimaguayú, la mayor de la provincia -200 millones de metros cúbicos y que almacena apenas el 10% de su capacidad.

La ingeniera, Inés María Chapman Waugh, presidenta del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), representantes de los ministerios y organismos implicados, evaluaron con las autoridades políticas y gubernamentales de la provincia, las medidas inmediatas para prevenir las peores secuelas de la sequía, como la instalación de contadores y regulación de abasto a los grandes consumidores y la población, la corrección de  salideros, la reparación de válvulas de distribución de las redes en la ciudad de Camagüey y otros acueductos locales, y la aplicación, donde sea necesario, de alternativas utilizadas en otra etapas de sequía extremas para proteger zonas residenciales y los planes económicos imprescindibles.

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