CAMAGÜEY.- La conocí solo a través de los medios de difusión masiva. Tal vez por la propia distancia que hay entre su generación y la mía, la conozca menos de lo que debería, pero aun así la admiro.

Las abuelitas cuentan que Vilma Espín en los primeros años de la Revolución cubana se convirtió en una suerte de hada protectora de la mujer, y en especial de las que vivían en el campo.

Luchó es el verbo indicado para expresar lo que hizo por las cubanas y por sus derechos.

No voy a olvidar nunca el homenaje que los camagüeyanos le rendimos en su muerte. Junto a su fotografía, cientos de flores y frente a ella miles de hombres y mujeres que llegaban a tributarle un sencillo, pero sincero homenaje.

Al ver a las mujeres llorar y a muchos hombres completamente conmovidos, fue entonces que comprendí cuánto quiere este pueblo a Vilma.

Gracias, Vilma, por conquistar los derechos que las cubanas de hoy disfrutamos y enarbolamos ante el mundo entero.