Eloida Valdés Álvarez, especialista de Trabajo Social en el secretariado provincial de la Federación de Mujeres Cubanas en Mayabeque,  recuerda que fue un lujo conversar con Vilma, en aquellos años cuando ella participaba en los seminarios desarrollados en la capital del país, donde las compañeras planteaban sus inquietudes con la certeza de ser escuchadas por la eterna Presidenta de la organización femenina.

En una ocasión narra que ella solicitó que todas las secretarias allí presentes le diéramos un beso, quería sentir la aproximación de todas, rememora.

Aunque han pasado más de 25 años,  Eloida no olvida la capacidad de Vilma para recordar las particularidades de cada municipio, los detalles que caracterizaban a cada territorio.

Aprendimos mucho de ella, en cuanto a política de cuadros, de promoción de salud, pudimos intercambiar en aquel entonces con muchos ministros. Ella nos enseñó que las mujeres ocupábamos un lugar muy importante en la construcción de la Revolución y en la preservación de sus conquistas, remarca.

Algunos datos se borran como la fecha cuando inmersas en los preparativos de un Congreso se presentó en el lajero Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa).

De pronto se me acerca una miembro de su secretariado a la hora de almuerzo y me dice: Ven, que Vilma quiere compartir la mesa contigo. Eso fue algo que jamás olvidaré. Conversamos mucho y me percaté de su sencillez, declara entre sollozos.

Ella era la persona que te daba confianza para que hicieras lo que creías, a pesar de su personalidad que tuvo que curtir en medio del fuego cruzado de la Sierra; mezclaba la exigencia con la dulzura y daban ganas de trabajar junto a ella, de seguir todas sus indicaciones al pie de la letra, comenta.

Sobre el ejemplo legado a las nuevas generaciones de cubanas,  Eloida asegura que fue como la luz para seguir andando aunque a veces pueda ser complicado el trayecto.

Las jóvenes no pueden olvidar la historia de la mujer, ese es el mejor homenaje a ella porque los enormes privilegios de los que hoy gozamos,  a ella se los debemos. Nos enseñó que teníamos posibilidades, que podíamos ser amas de casa o trabajadoras sin dejar de ser madres y sin perder nunca la ternura, acota.

La gente de mi generación tiene el llamado de transmitir a quienes nos siguen en el tiempo que deben continuar en primera línea. Las metas deben ser realizables para lograr cada día superarnos y haciéndonos siempre personas de bien, concluye en su intercambio con la ACN.

{flike} {plusone} {ttweet}