Así emprendí el viaje hacia el trabajo como pasajera de su coche, con el diablito y el ángel debatiéndose quién tenía la razón. Mas la verdad no les hizo esperar, apenas se bajó la otra señora y quedamos solos, sus piropos descubrieron las esencias:

- ¿Vas de paseo?

- No, a trabajar.

- Si fueras mi mujer yo no te dejaba trabajar, tú eres una muñequita.

- ¿Cómo? Pues no podrías ser mi marido.

- Mi mujer es para estar en la casa, tranquila, viendo televisión, haciendo las cosas de la casa.

Más o menos así fue parte nuestro diálogo, y a la vez que me sentía más tranquila porque no fui tan injusta, me sorprendía cómo jóvenes de mi tiempo, incluso él es más joven, tienen pensamientos tan retrógrados e incongruentes. Y es que el que no quiere que su mujer trabaje entonces tiene que limpiar, lavar, cocinar, fregar, planchar, atender a los niños... porque en una casa se trabaja tanto o más que “en la calle”.

Por eso, cuando un hombre dice que su mujer no tiene que trabajar, querrá decir que él no quiere que ella se interrelacione con la sociedad, que haga nuevas amistades, que sea útil al desarrollo del país, que sea independiente, que pueda disponer económicamente. Porque además, generalmente esos esposos no son muy colaboradores en los quehaceres domésticos y sí exigen tener todo al día, como si una viviera por y para ellos.

En Cuba, las mujeres tenemos una suerte que nos legaron las luchas de nuestra antecesoras y no podemos imaginar que por ejemplo, la página en Internet de Rusia Today dé crédito entre sus titulares a cosas que todavía no puede hacer una mujer en Arabia Saudita.

Entre estas se mencionaban las restricciones para salir solas de casa, lo que deben hacer acompañadas siempre por un hombre de la familia, tanto para ir de compras como visitar el médico; conducir, que aunque no lo tienen prohibido oficialmente, en la práctica no se los permite la máxima autoridad religiosa: el Consejo de los Ulemas; llevar ropa o maquillaje que muestre su belleza, la mayoría usa la abaya, una prenda que les tapa el cuerpo por completo y además su vestimenta es controlada por la policía religiosa, que  suele ser muy estricta y puede aplicar multas por solo mostrar un dedo del pie.

Asimismo están cohibidas de competir en determinados deportes, y eso se evidencia en que las deportistas saudíes participaron por primera vez en unos Juegos Olímpicos en 2012, en Londres; interactuar con hombres, pues prácticamente todos los espacios públicos están segregados por sexo y casi la totalidad de los edificios públicos tienen una entrada para hombres y otra para mujeres; probarse la ropa al ir de compras, para lo que tienen que esperar llegar a casa porque solo se pueden quitar la abaya en algunos probadores de tiendas de lujo; usar el gimnasio de un hotel, casi ninguno del país les permite la entrada.

Acá tenemos una realidad bien diferente en el orden social: tenemos acceso a todas las profesiones y esferas políticas, cobramos iguales salarios, somos totalmente independientes. Sin embargo, de manera individual algunos hombres, y no precisamente los abuelos, aspiran a tener “una esclava” o “una muñequita” en casa solo a su disposición. Una solo sirviendo y acatando órdenes, la otra inerte, de adorno.

Con las tantas oportunidades que tenemos las jóvenes en estos tiempos en Cuba, ese es un lujo que nos podemos permitir ni por nosotras, ni por nuestro futuro. Lucha por ser tú y esfuérzate por crecerte, ni los mayores lujos y comodidades remplazan la satisfacción de alcanzar tus propias metas y ser útil a la sociedad.

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