• Día de los buenos papás

    De niños no jugaron con muñecas —ni siquiera con muñecos—;  para ellos no hubo ensayos de cargadas y biberones. Cuando se armaba “la casita” de los primos, del círculo infantil o del barrio, les tocaba leer el periódico, hacer las compras, decidir y regañar.

  • Las manos de mi pa’

    Las manos de mi pa’ son grandes, de dedos robustos, de muchas cicatrices, de ampollas prematuras por las labores duras del campo. Son manos que dejan ver los callos de la piel y los del alma, esos que salen cuando mucho se ha sudado para mantener y educar a una familia.

  • De la mano de papá

    Tener hijos no estaba en su proyecto de vida: “Yo no quería porque tenía miedo de cómo sería para cuidarlos y hasta de que nacieran con la enfermedad, pero ella insistió, y ya ve”. 

  • Para Papá

    En el inicio de todo estás tú. Tú vencedor de mil batallas, héroe perfecto, hacedor de imposibles. Tú, con esa capacidad de saber lo infinito, la esencia de las cosas. Quién mejor que tu para derribar obstáculos y descubrir misterios; tú que unas veces has sido pañuelo, otras bastón,siempre puerto. Mi mundo se sostiene en tus brazos, en tus besos, en tus ojos que ríen, en tu risa que canta, en tu vida que salva.

  • El hombre de las “Lizzes”

    Por Las Tunas andaba Miguel Zaldívar Pérez cuando su primer retoño estrenó el lenguaje y el andar. Él trabajaba en una unidad de infantería mecanizada allá. Venía a verla cada 15 días, a veces semanalmente. Se perdió muchos de esos “descubrimientos” tan cotidianos cuando hay un bebé en casa.