No hablaré de aquellos días, en que perdió una y otra vez desafíos que no pasaban del par de carreras contrarias y durante los cuales solo conseguía hacer descender su promedio de limpias. Góngora era un sinónimo de buen pitcheo, pero casi de forma indefectible, premonición segura de que nuestra ofensiva se iría a pique.
Algo hacía pensar a algunos que su estrella cambiaría en las lides de mayores. Mayor ofensiva, mejor defensa y la experiencia de varias campañas daban pábulo al optimismo. Góngora –por su parte– se preparaba.
Y el trabajo le ha dado resultado... en parte. En tres salidas el zurdo de la capital provincial ha caminado 18 y dos tercios, con solo cuatro limpias, once hits, y 16 ponches y diez boletos; en otras palabras, un recorrido casi perfecto. Y no solo eso, lo ha logrado ante equipos tan peligrosos como Guantánamo (cuya ofensiva nos "costó" 22 carreras), Ciego de Ávila y –hoy– Industriales.
Tales características debería presagiar resultados que lo colocaran entre los hombres más exitosos de nuestro staff, ¿no? Nada que ver. Al día de hoy Góngora no archiva decisiones en su hoja de servicios, casi como si no hubiera existido.
Hecha la aclaración anterior, me centro en el juego de esta noche, que puso a punto de desborde al estadio Cándido González, pero también dejó a muchos sedientos de un éxito que casi siempre se nos escapa por entre las manos, ahora con marcador de 1-2.
Póngase en contexto: de una banda nuestro muchacho; de la otra, un hombre de "probado calibre" llamado Noelvis Entenza; entre los dos, el tercer y último desafío de azules y tricolores, que daría nombre al monarca de la subserie.
El partido tendría el signo del pitcheo, el buen y seguro pitcheo. Para demostrarlo, sus números: Góngora (seis completos, dos hits, cinco boletos e igual de número de ponches), Entenza (igual cantidad de capítulos, par de incogibles, y cuarteto de ponches y pasajes).
Tanto fue su dominio que las baterías rivales debieron esperar el séptimo y el octavo para hacer sus respectivas anotaciones.
Camagüey logró la suya en el "de la suerte", cuando Ermindo Escobar trajo hasta la goma a William Luis, doblete mediante. Industriales ripostó en la oportunidad siguiente gracias a sencillo de Lourdes Gourriel, que impulsó a par de compañeros (Oscar Valdez y Carlos Tabares) que habían entrado en circulación mediante pasajes de los relevistas José Ramón Rodríguez y Yormani Socarrás, a la postre el derrotado.
No queda mucho más que contar, salvo que en el noveno Dary Bartolomé disparó incogible el derecho y Dairon Blanco –que lo sustituyó corriendo– no pudo pasar de la segunda base pese a llegar hasta ella sin outs. Ni William, ni Pedro Smith (emergente por Luis Gómez), ni Ermindo Escobar pudieron hacerlo avanzar.
Nada, solo mala suerte, de esa que nos sobra, si de béisbol se trata. Para corroborarlo, solo pregúntele a Góngora, pues está claro que con un buen hombre sobre la lomita no basta.
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