Camagüey.- A solo un año de implementarse en Cuba la acreditación institucional de centros de Educación Superior, la Universidad de Ciencias Pedagógicas José Martí, de esta provincia, se alista para obtener dicho sello de calidad.
El proceso, aunque se concentra en la certificación de la academia como entidad de referencia, ha sumado a sus intentos la acreditación de las carreras Educación Especial y Humanidades y de las tres publicaciones digitales Transformación, AGRISOFT y Monteverde, las cuales se encuentran en rediseño editorial con estos fines.
Con cinco homólogas ya avaladas con esta condición en el país, la casa de altos estudios camagüeyana despierta de un cierto letargo para asumir el reto que supone acreditarse; así lo percibe Jorge García Ruíz, miembro de la Dirección Científica Educacional que atiende el proceso de evaluación de calidad institucional.
Este autodefinido “primero que todo profesor de Matemáticas” comanda la tropa encargada de diagnosticarle al Pedagógico sus fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, y de resolver o aprovechar al máximo cada una, según sea el caso.
En su opinión, las posibilidades reales de pasar la prueba son altas pues la de Camagüey “es una de las universidades pedagógicas con mayor reconocimiento nacional y mejores resultados, solo que otras fueron más osadas y reaccionaron primero ante la ambiciosa convocatoria.”
Aún así, se empeñan en debilidades pendientes como el ingreso de estudiantes, sin los cuales la universidad no tiene crédito alguno y en la superación del claustro, que muestra ya una fortaleza aumentada con la formación en solo un año de 13 doctores en ciencias. La mayor dificultad ha estado en ascribirse a los patrones de calidad de la Educación Superior en Cuba, pues anteriormente a este proceso el centro pedagógico no operaba bajo ellos.
“Aspiramos a acreditarnos en el primer semestre de 2013, para ello venimos trabajando desde fines del pasado 2011. La preparación ha implicado un rediseño de nuestras estrategias de trabajo y ponderar una serie de elementos que antes no atendíamos como la visibilidad nacional e internacional de la institución, las relaciones con homólogas dentro y fuera del país, la calidad y validez de las publicaciones y el impacto social, comunitario, de nuestro trabajo a través de la labor extensionista”, nos confesó Jorge García Ruiz.
Un proceso de acreditación exige entonces esfuerzo conjunto y cambios a veces repentinos que predisponen a algunos; pero... ¿en qué beneficia a una universidad acreditarse? Pues en mucho. No es sólo que los graduados de sus aulas puedan ostentar en cualquier parte del mundo un título con más valía, es también que la casa nutricia se prestigie a sí misma y se obligue a la superación constante para mantener sello.
El profe Jorge nos lo confirma con optimismo: “todavía encontramos resistencia en parte del claustro y es comprensible, fueron muchos años guiándonos por un sistema diferente al que enfrentamos ahora. Pero la renovación es necesaria y aporta mucho, nos hará ganar en autogestión, en autonomía, en visibilidad no solo ante Cuba, sino ante el mundo.”
La José Martí se encuentra en estos momentos a la espera de los resultados de la evaluación realizada a su Maestría de Medio Ambiente. Este programa de postgrado, único de una universidad pedagógica nacional dedicada a dicha esfera, podría ser el primero oficialmente acreditado en el centro de aprobar la inspección realizada.















