Cuando conversas de tu familia, sientes como si hablaras de ti mismo. Así sucede mientras pienso en mi árbol genealógico hasta donde las palabras y la memoria puedan explorarlo. Después de que alguien pregunta: “¿Dime de…?”, saco el álbum que guardo dentro, de quienes comparten mi día a día, y como un dibujo a mano alzada retoco por aquí y por allá cada retrato como mejor lo percibo.