Así ha sido casi siempre, entre sus compañeros de la Universidad en los años de estudiante, cuando la organización y el asalto al Moncada, en la cárcel de Isla de Pinos, durante el exilio conspirador de México, cuando la travesía y el desembarco del yate Granma, en la guerrilla y en el Ejército Rebelde, solo Fidel, porque solo hay uno, inconfundible, irrepetible.
Dentro de unos días, el 13 de agosto, celebraremos su cumpleaños 88; vital y lúcido, batallador contra el tiempo y desbordando sabiduría; humanitario, solidario; siempre junto a nosotros, a pesar de su dimensión universal como estadista, estratega y político.
Cuando lo vemos en la pantalla del televisor o en fotos de la prensa escrita, trabajando por Cuba, por los cubanos, por los latinoamericanos y caribeños, por los desposeídos y por la paz y el progreso de este mundo, por la preservación de la naturaleza, su presencia nos infunde fuerzas para seguir como él sigue, en el borde delantero.
En la literatura que su vida provoca, también es solo Fidel: Cien horas con Fidel, Fidel y la religión y otros, que tratan de atrapar en sus páginas una historia que la desborda por la fuerza de la realidad, que la sobrepasa solo comparable con la vida misma.
Como su mentor Martí, para él toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. Todo lo material le es ajeno.
La obra humana, social y política forjada a lo largo de su existencia es su mayor recompensa; ver fructificar la semilla que sembró en esta Cuba, que durante décadas enarboló en solitario las banderas de la soberanía, la independencia y el antiimperialismo, es su mayor orgullo y satisfacción.
Solo después de la Revolución que Fidel lidera, es que Cuba brilla en el panorama internacional, por su autoridad moral, por sus principios, por su solidaridad desinteresada, por la firmeza de su política antihegemónica imperial, y por su vocación integradora latinoamericanista y caribeña, que ya se expande por este continente cada vez con mayor profundidad.
La inmensa mayoría de los cubanos amamos a Fidel, y los que no, lo respetan; los de ahora nos enorgullecemos de haber vivido en su tiempo, de haberlo acompañado y haber estado en sus múltiples trincheras, sobre todo en la de sus ideas, que sabemos perdurarán en la memoria y en la historia para satisfacción y guía de las futuras generaciones en la construcción y disfrute de un socialismo sostenible y perdurable.
Para este 13 de agosto, la fiesta de saberlo aún con nosotros la compartiremos con millones de hombres y mujeres a lo largo de este convulso mundo, además del deseo de que viva mucho más para continuar nutriéndonos de su presencia y de la fuerza de su ejemplo, para seguir siempre adelante.
¡Larga vida, Fidel!
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