Con tanta historia como empuje llegará entonces el Mayo que por quincuagésima quinta vez consecutiva será diferente al que vivirá el resto del mundo, diferente al de Chicago en 1886 y al de los Estados Unidos hoy, donde apenas se recuerda a quienes fueron ejecutados por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, y al de los demás países que todavía salen a las calles precisados a la protesta contra el capitalismo brutal que los asfixia.

En Cuba habrá desfiles, pancartas, consignas y banderas; no habrá dolor sino fiesta. Celebraremos un aniversario más de nuestra Revolución y el 75 de la Central de Trabajadores de Cuba, recordaremos al Capitán de la clase obrera, Lázaro Peña, porque a 40 años de su muerte sigue viva su obra y es paradigma para los trabajadores; festejaremos el regreso de René y Fernando que aunque no fue una victoria, porque cumplieron completas sus injustas condenas y castigos añadidos, es un extraordinario aliciente para no cejar en el empeño y la seguridad de tener en Cuba a Tony, Ramón y Gerardo.

Será también un Primero donde reafirmaremos nuestra completa convicción de que, aun cuando tengamos que corregir el rumbo, la dirección socialista es la única vía para mantener nuestra soberanía e independencia, algo que se sustenta fácilmente si miramos la realidad fuera de nuestras fronteras, y nuestros martianos principios de la hermandad y de unión en la diversidad de credos y posiciones políticas, en la lucha común por la integración de América Latina y el Caribe en pos de un futuro más justo para un continente que tanto ha sufrido ya.

Levantaremos las manos en la Plaza también como compromiso de obrar en consecuencia con lo que hoy necesita el país, el desarrollo de la economía de manera eficiente para lograr así el socialismo próspero y sostenible que elevará el nivel y calidad de vida de nuestro pueblo, además del perfeccionamiento de la empresa estatal socialista y el impulso a las nuevas formas de gestión económica.

Convirtamos el Día Internacional de los Trabajadores en un motivo diario para reconocer a los más destacados, para mantener abierto el diálogo con nosotros, los más jóvenes, que llevamos las banderas de la continuidad y, sobre todo, para que nuestros sindicatos cumplan con mayor fidelidad y conciencia su labor en aras de que cada vez los sistemas de pago estén en mayor consonancia con el obrero y los planes y presupuestos de la economía sean más reales según las producciones y las condiciones laborales de cada centro y, de paso, sean menos las manifestaciones de delito y corrupción, y que así podamos afirmar que ¡ya estamos en Primero de Mayo!

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