La respuesta del conductor del vehículo fue inmediata: “¡80 pesos!”para una distancia de 16 cuadras. La mujer prefirió continuar hasta que alguien le comentó que en San Clemente vivía un pediatra.
Ella siguió el consejo. Felizmente el médico valoró al pequeño Darío, le puso tratamiento y no fue necesario ingreso alguno, solo procedía darle medicamentos y observarlo.
Días después, no rebasadas las diez de la noche, una pareja solicitó ese mismo servicio en las inmediaciones de la Plaza de los Trabajadores hacia un punto marcado de diez cuadras en el reparto América Latina (Boves) algunas con menos de 100 metros de longitud. ¿Sabe cuánto pidió el bicitaxista? 40 pesos en un abrir y cerrar de ojos. Una suma que no todo el mundo gana en un día de trabajo.
Si se fijan, todo se mueve alrededor del precio desmedido de una carrera, pues muchos de estos cuentapropistas no se conforman con unas decenas de pesos diarios, sino con la “riñonera”, asida al cinto, llena de billetes de cualquier denominación.
Contrasta que esos conductores de ciclos van después a un hospital, a una clínica estomatológica, o en busca de cualquier servicio público (muchos de ellos gratuitos) y lo reciben a las mil maravillas —quizá hasta de a quien una vez intentaron espoliar con sus precios—, y no reparan que cuando alguien, ante una situación de urgencia llega a ellos es por necesidad, y muy bien podrían asumir una actitud diferente, ser solidarios y humanos como mismo lo fue el pediatra con Darío, o el joven que ante mis ojos ayudó al cieguito a pasar de una acera a otra en plena calle Independencia.
El asunto no es que no cobren, sino que pidan un pago racional o que quienes están investidos para regularlo, ¿qué topen los precios frente a la prostituida oferta y demanda? Los salarios no pueden incrementarse por el momento y nada se haría, de decidirse el aumento, si los precios se mantienen por las nubes.
Tengo un amigo que estudia estadísticamente los precios de hace un quinquenio y el comportamiento actual para demostrar que el problema no es aumentar salario, sino ponerle freno a los exorbitantes precios en espiral.
Me comentó dos ejemplos. No hace mucho por echarle aire a las cuatro gomas del vehículo cobraban cuando más un peso, ahora dos por neumático. ¿Es que se encareció el aire? ¿Cuál es la razón de que los aguateros, que cobraban un peso por tambucho de 20 litros, pidan el doble, cuando el que se lo suministra les exige solamente a cambio 10 centavos por cada cinco litros?
Los transportistas de Camagüey tendrán que darse un saltico hasta La Habana para que vean cómo los choferes de los“almendrones” por largos trayectos dentro de la capital cobran no más de 20 pesos. Parece que el bichito del egoísmo extremo y del individualismo está inoculándose en algunos de estos segmentos poblacionales.
Créanlo: los fenómenos negativos desentonan porque la mayoría de nuestro pueblo abraza la ética de la solidaridad y del altruismo, en contracorriente con la filosofía burguesa contemporánea.
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