Camagüey: Las ocho figuras humanas, vestidas de barro hasta los mismos moños, van tomando con sigilo la concurrida Plaza de los Trabajadores.
Es imposible que pasen desapercibidas, aunque su hechura fantástica, su estatismo embarrado, su talla de figurines cerámicos por poco convencen de que no son personas de verdad.
Entonces sobreviene el cambio de poses, y las “estatuas” se sacuden con la fuerza de la sangre que le late dentro.
El arcilloso conjunto se compone de una bailarina, un saxofonista, un pintor, una florista, una actriz teatral y el trío familiar que integran el caballero de sombrero, traje y bastón, la madre emperifollada y la pequeña de ojos vivarachos.
Todos quieren tomarse fotos junto al insólito, las cámaras y celulares pululan en el alarde de tecnología que a veces creemos no tener. Algunos acercan los artefactos apenas a centímetros de sus rostros, pero los artistas se mantienen inmutables, con sus máscaras impávidas de gente de antaño, de objeto inanimado.
Nada más lejano a la realidad. Estos moronenses venidos por invitación de la Galería Alejo Carpentier a acompañar el XXII Salón de la Ciudad, son toda una revolución cuando plantan performance en la calle.
Y es que de revoluciones viene también embarrado el Salón. Este año sus obras en concurso recibieron el requisito inviolable de pensarse para espacios públicos, para entremezclarse con la gente y hacerse sitio entre ella.
A algunos creadores- conservadores como somos los camagüeyanos- no les entusiasmó mucho la idea, pero esos por suerte son los menos. Las artes plásticas en esta ciudad centenaria van asumiendo la contemporaneidad y la interactividad como imperativo y desde el Fidelio Ponce hasta la fecha se advierte la continuidad del intento.
Motos gigantes en metálicas armazones y rostros amurallados pululan ya por ahí para demostrarlo. La gente lo agradece, lo disfruta y como el arte es esencialmente diálogo de sensibilidades, pues uno siente que se está haciendo mejor.
La provocadora presencia de D' Morón Teatro dejó abierto el Salón de la Ciudad, y aunque la ceremonia no fue nada ceremoniosa y aunque el fluido eléctrico brilló por su ausencia, la espontaneidad fue precisamente lo mejor de todo y otra pista de lo que va a ser el evento este año.
Habrá que visitar la Plaza del Carmen, el Casino, el parque Las Ruinas, las calles Luaces y Apodaca, la farmacia de Independencia, el parque Martí y el pequeñito que media entre los Cines Encanto y Casablanca, para descubrirle las obras al certamen.
D'Morón Teatro, que por lo visto ha venido a trabajar mucho, seguirá presentándose el próximo sábado, a las cuatro de la tarde, en el parque Ignacio Agramonte.















