CAMAGÜEY.- Carlos Daniel no será químico. Aunque haya ganado medalla de plata en la Olimpiada Centroamericana de Química este año, no lo será. Lo tiene clarísimo. Al final fue y lo logró, en gran medida, porque “se lo debía” a su entrenador, a su familia, especialmente a su hermano, y a su escuela. Porque hubo una vez, hace ya más de un año, que se enfermó y detuvo su preparación, y en momentos de tristeza todos estuvieron allí.

“Mi futuro profesional probablemente sea haciendo herramientas para el uso de los químicos”, cuenta sin culpa y sin frustraciones el muchacho que estudiará Ciencias de la Computación, pero aún se siente apasionado por la química orgánica, especialidad que quisiera seguir aprendiendo como hobbie para entrenar a futuras generaciones.

Este año resultaba incierto para los concursantes. Cerraban los IPVCE ante el déficit de combustible y con ello se suponía también el cierre de los centros de preparación. Y aunque esto ocurría, los entrenadores camagüeyanos no dejaron de brindar preparaciones en diferentes locaciones de la ciudad. Este año, además, no se realizó concurso nacional. Pero Carlos tenía dos oros nacionales en dos años de participación anteriores. Estaba asegurado en el equipo.

No obstante, las condiciones no permitieron que los muchachos se reunieran en La Habana para entrenar como es habitual. La preparación intensiva fue solo 2 semanas antes de la Olimpiada, donde realizaron varias pruebas y prácticas en el laboratorio de la Facultad de Química, gracias a alumnos y profesores.

“También estuve algunos días en el CIGB de Camagüey y otros en Sancti Spíritus, una de mis provincias favoritas, de manera extraoficial quedándome en casa de un amigo. Allí realicé prácticas experimentales en la Universidad. La otra parte fue gracias a mis entrenadores, tanto el de mi provincia, como los nacionales, pero principalmente gracias a mi esfuerzo y constancia, fueron días y noches de estudio teórico muy fuerte.

“Resulta muy difícil explicar los métodos que seguimos para el estudio cotidiano. Los entrenadores provinciales hacen un gran trabajo, son ellos los que te dan el chispazo; luego continúas tú solo porque el autoestudio es fundamental. Hay que hacerlo todos los días y unas cuantas horas”.

Habla con cariño de Julito, su entrenador en el IPVCE Máximo Gómez Báez, y también de Dahysmer, un joven que como él participó en eventos internacionales y le ayudó mucho. Aunque también reconoce que sería injusto no mencionar a sus entrenadores nacionales: Rolo, Gerardo, Rafael y Luisma, este último no solo un profesor, también un gran amigo.

De izquierda a derecha, Marco Antonio, su hermano; Carlos Daniel, Roy Roger, también concursante de química, y Julio, su entrenador.De izquierda a derecha, Marco Antonio, su hermano; Carlos Daniel, Roy Roger, también concursante de química, y Julio, su entrenador.

Pero quien ha sido guía y ejemplo, sin duda, es su hermano mayor, Marco Antonio Asín López, exconcursante de química que ganó dos medallas internacionales. “Verlo en las noches discutiendo ejercicios de química con sus compañeros, y verlo teniendo resultados y disfrutándolo tanto, me hizo querer lo mismo. Siempre fue un reto personal pero sano, y hasta hoy es mi inspiración y mi soporte emocional.

“En los peores momentos cuando me preguntaba si valía la pena y quería abandonarlo todo siempre estuvo ahí para apoyarme y aconsejarme. No sé en que escenario me hubiera sentido más orgulloso, si en este donde él tuvo mejores resultados o en un probable escenario donde fuera al revés. Me da igual. Realmente estoy muy orgulloso de lo que hemos logrado.

“Siempre sabía a qué temas debía dar más o menos importancia y cómo estudiar de manera correcta, y eso fue gracias a mi hermano. Aunque normalmente no estudiábamos juntos porque él estaba centrado en temas un poco más complejos debido a la diferencia de un año de edad. En algún momento debatimos teoría y discutíamos hasta ver quien tenía razón. Y sí, me ayudó a ser el químico que soy ahora”.

Por otra parte, estuvo la familia. La familia de dos olímpicos que trajeron medallas a Cuba. El apoyo que, él mismo dice, ojalá todos disfrutaran. Siempre tuvo la libertad y el tiempo para estudiar, y entiende el sacrificio en cada viaje, el gasto de dinero para que pudiera entrenar, aunque fuera una sola semana. No faltó nada material o las condiciones básicas para que estudiara tranquilamente. No solo eso, luego de su enfermedad donde pensó que no podía seguir compitiendo fueron soporte. Sin eso, hubiera sido más difícil, o simplemente, no hubiera sido.

El equipo cubano muestra “su mascota”, un regalo ofrecido por los muchachos costarricenses. En estos certámenes es habitual tener una por delegaciones por lo que decidieron hacer este presente a los cubanos que no contaban con una.El equipo cubano muestra “su mascota”, un regalo ofrecido por los muchachos costarricenses. En estos certámenes es habitual tener una por delegaciones por lo que decidieron hacer este presente a los cubanos que no contaban con una.

“Ahora ya no considero la química mi vocación para el futuro. Lo descubrí en onceno grado cuando enfermé. Ese año solo participé en el concurso nacional donde alcancé un buen resultado, pero no pude asistir a la preselección nacional. Fue una decepción total, una etapa difícil, de mucha tristeza. Dejé de estudiar química completamente, me refugié en la informática y descubrí que me apasionaba.

“Pero, empezando un nuevo curso escolar (12⁰ grado) entendí que, aunque no me iba a dedicar a la química completamente, me quedaba la misión de regalarle un buen resultado a personas que se esforzaron tanto por mí. Quizás me oriente a la química computacional en el futuro, ¿quién sabe?”

Nada fue en vano, aprendió algo más que química y quiso compartirlo con la sencillez que lo define, la misma que se ve en su familia, en su cabello largo y ondulado o en las risas que comparte con sus amigos. Habló de su certeza, de su manera de ver y vivir la vida con solo 18 años.

“Si algo aprendí luego de este largo viaje es que hay que sentir pasión por la química y todo lo que se hace; y también que, aunque es bonito tener un buen resultado, al final del día lo que verdaderamente importa son las experiencias que viviste y los amigos que hiciste en el camino”.