El primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, impartió la conferencia inaugural del I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro” con un extenso y profundo discurso en el que recorrió la vida, el pensamiento y la vigencia del líder histórico de la Revolución Cubana, en el marco de las conmemoraciones por su centenario.

Díaz-Canel comenzó su intervención situando el primer homenaje que se debe a Fidel en el contexto de la Cuba de antes de 1959, “un país marcado por la injusticia, la desigualdad y la dependencia”, una realidad dolorosa que Fidel comenzó a cambiar desde sus años de universitario.

Recordó al joven abogado que convirtió su autodefensa en el programa político del Movimiento 26 de Julio, al prisionero que transformó la prisión en escuela de combate, y al Comandante en Jefe que, con solo 34 años, pronunció en la Asamblea General de las Naciones Unidas “el discurso más largo y trascendente que se había pronunciado a favor de la Constitución de la República”.

El mandatario cubano trazó un minucioso retrato de la Cuba prerrevolucionaria: 600 mil cubanos sin empleo, tres millones de personas sin acceso a la luz eléctrica, el 37,5 % de la población analfabeta, el 60 % de los niños de las zonas rurales sin maestros, el 95 % de la población con parásitos, una mortalidad infantil altísima y una esperanza de vida muy baja.

“El 85 % de los pequeños agricultores pagaban rentas por la posesión de sus tierras, mientras un individuo del importantísimo propietario controlaba el 46 % de la población”, detalló. Señaló que la mayor parte de los servicios públicos, la banca, el comercio, las refinerías y las mejores tierras de Cuba eran propiedad de compañías norteamericanas.

“Ese estado de cosas demandó la transformación más radical del siglo XX en este país”, afirmó.

Frente a ese punto de partida, Díaz-Canel contrastó los índices actuales de salud, educación, ciencia, cultura y deporte, que incluso bajo el bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos, siguen siendo superiores a los de otros países del continente. Mencionó que Cuba es el país con mayor tasa de médicos por habitantes —más de nueve por cada mil— y uno de los diez con mayor esperanza de vida en América, con 77,7 años. “Y el que más ha aportado a la salud y a la educación de su población y de otras naciones”, agregó.

El presidente citó entonces una de las ideas más exactas de Fidel sobre los problemas del mundo, pronunciada en septiembre de 1960: que estos se agravarían con la desaparición del campo socialista y la imposición de la URSS. “Desde el principio de la humanidad han surgido fundamentalmente por una razón, el deseo de uno de derrocar a otro por sus intereses. Desaparezca la filosofía del espejo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra. Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los territorios y entonces la humanidad habrá cruzado una verdadera etapa de progreso indefinido”, recuperó de las palabras del Comandante.

Díaz-Canel compartió entonces lo que consideró los legados fundamentales de Fidel: “Nos legó la certeza de que los sueños se conquistan defendiendo las ideas. Nos dejó la convicción de que el internacionalismo es una actitud que nos debe distinguir. Nos enseñó la convicción de que el socialismo es el único camino para sacar a la humanidad de la pobreza”.

Recordó que Fidel fue el primero en denunciar la globalización neoliberal como “el imperio de la muerte” y también el primero en abogar por “un mundo para todos”. Enumeró también el legado medioambiental, el de la unidad de los revolucionarios y el de la ciencia al servicio del pueblo.

“En Fidel encontramos no solo un líder histórico, sino una escuela de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, vivir, escuchar al pueblo”, afirmó. Y subrayó que Fidel no dejó recetas, sino un método, “un método que nació de la fracción no solo de las minorías”.

Recordó el alegato del 17 de octubre de 1953, donde Fidel formuló las cinco leyes revolucionarias —reforma agraria, derechos laborales, reforma laboral, constitución de bienes baldíos y participación fiscal—, y señaló que no estaba hablando de un programa de primaria de la Universidad, sino diagnosticando las enfermedades culturales de una economía subdesarrollada y dependiente. “Ese binomio: diagnóstico riguroso, propuesta programática y acción decidida se repitió en cada oportunidad”, enfatizó.

El presidente destacó la idea fidelista de que “la economía no es una esfera autónoma separada de la política, sino su expresión material. Sin pensar en su contabilidad, no hay economía sin política ni política sin economía”. También subrayó el legado de la pobreza y de la ética: “Predicó con el ejemplo. No acumuló riquezas, no traicionó sus principios, vivió como pensó y murió como vivió”.

Díaz-Canel abordó también los legados del internacionalismo, del optimismo revolucionario y de la estrategia militar. “Fidel encabezó la Revolución Cubana como único clavo; para él patria era Cuba. Por eso apoyó las causas por la liberación de los pueblos africanos, de Palestina, denunció el genocidio, alzó sus voces contra la guerra y contra la ocupación colonial de cualquier pueblo del mundo”, afirmó.

Sobre el optimismo, señaló que “en los días más oscuros, cuando el campo socialista se derrocaba, él mantenía su fe en el ser humano y en la historia”. Y sobre su pensamiento militar, lo describió como “maestro de la lucha de guerrillas que nos condujo al triunfo del primero de enero de 1959” y “profundo estudioso del arte militar contemporáneo”.

El mandatario cubano hizo un recorrido por el sistema de trabajo de Fidel, basado en cuatro principios: la prioridad de lo político —“toda decisión económica es una decisión política”—, la secuencia táctico-estratégica —“las tácticas cambian y los principios no”—, la movilización popular como recurso estratégico, y la innovación bajo restricción —“la escasez no es solo carencia, es un estímulo para la creatividad”—.

Díaz-Canel rindió homenaje a la generación del centenario de José Martí, “esa generación que integraba jóvenes con hombres históricos: Fidel, Raúl, Che, Allende, Camilo, Celia, y tantos otros, un pueblo entero dispuesto a dar la vida por la unidad conquistada”. Recordó que Fidel comprendió la necesidad de articular la firmeza ideológica con la sensibilidad práctica, y citó a Lenin: “El marxismo no es una doctrina muerta, no es un capitalismo, sino una guía para resolver completamente los problemas de la vida”.

El presidente subrayó la insaciable curiosidad de Fidel, su pasión por la historia y el conocimiento, y recordó un fragmento de una carta desde la prisión en la Isla de Pinos: “Mi mayor lucha ha sido, desde que estoy aquí, insistir y no cansarme nunca de insistir que no necesito absolutamente nada. Libros fueron necesarios y los libros los tengo considerados como bienes espirituales”.

Señaló que Fidel dejó constancia de sus reflexiones en 84 textos publicados entre el 28 de marzo de 2007 y el 9 de octubre de 2016, y que diez años después de su partida física, nueve libros recogen su pensamiento. Citó una reflexión del 22 de julio de 1976: “No inicié este trabajo como parte de un plan abordado prematrimonial, sino por un fuerte deseo de comentar con el protagonista principal de nuestra resistencia”.

Díaz-Canel recordó los logros de la Revolución: la campaña de alfabetización que movilizó a más de 150 mil habitantes, el sistema de salud universal más avanzado del tercer mundo, los más de 600 mil profesionales de la salud enviados a 165 países, el sistema educativo gratuito desde la primaria hasta la universidad, y el sistema cultural y deportivo referente para el mundo. “Los hechos que transformaron en muy poco tiempo las relaciones entre los gobiernos y los pueblos con la visión más desigual del mundo, definitivamente entraron en la historia del siglo XX como momentos determinantes”, afirmó.

El presidente situó entonces el contexto actual. “El mundo vive en un estado de crisis. Crisis climática y de recursos no renovables, crisis financiera, una migración forzada que convierte los mares en cementerios, una fractura social donde la riqueza de los pobres se acumula sobre la miseria de muchos. El orden internacional está en crisis. El multilateralismo imperial pretende imponer su ley con la fuerza, pero el mundo multipolar ha llegado para quedarse”, afirmó.

Denunció que el imperio redobla sus ataques y que Cuba sigue siendo uno de los objetivos predilectos de la furia imperial, con el recrudecimiento del bloqueo, la inclusión arbitraria en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, y campañas mediáticas masivas.

“Junto a la agresión económica, política y financiera, la guerra económica y cultural, la subversión digital y el alzamiento de mercenarios internos que con fondos de la derecha de Miami intentan fracturar nuestro país”, señaló.

Denunció que Estados Unidos ha destinado millones de dólares para promover el cambio de régimen, y citó declaraciones del secretario de Estado de Estados Unidos que consideró una “amenaza abierta del gobierno de Estados Unidos a todo el pueblo si no se somete al yugo del imperio”.

Sin embargo, afirmó que Cuba ha respondido “con la dignidad que nos caracteriza, la resistencia que nos es inherente”. Reconoció las carencias: “la vida y los apagones que interrumpen la vida familiar, la escasez de agua, el deterioro del poder adquisitivo del salario, la escasez de combustible que paraliza la economía y el transporte, la dificultad para completar la cuota básica de alimentos”. Pero subrayó que “no estamos aquí para lamentar las carencias, sino para cambiar las cosas que nos duelen”.

Destacó los logros alcanzados en medio de la crisis: la respuesta a la pandemia con soberanía, el fortalecimiento de la agricultura urbana y suburbana, y la capacidad de convertir la adversidad en oportunidad.

Díaz-Canel anunció que en estos días se han graduado más de 30 000 profesionales, de ellos 705 de otros países.

“La respuesta del pueblo bajo la dirección del Partido Comunista de Cuba ha sido la resistencia firme y creativa de la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización del modelo en un mundo social que ha evolucionado a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes”, afirmó.

El mandatario enfatizó que se necesita producir y generar riqueza para poder distribuir con toda la justicia social posible y preservar las conquistas históricas de la Revolución. Aclaró que el proceso de actualización económica “es para dinamizar la economía y no para restaurar el capitalismo. No habrá privatización de empresas, no habrá fundamentales de producción que continúen en el mando del pueblo y se preserven en todo la soberanía y la independencia del país”.

Díaz-Canel convocó a los participantes del coloquio a discutir la verdad de Cuba y de todos los pueblos de nuestra América. “Les convocamos a discutir la verdad de Cuba y de todos los pueblos de nuestra América en un mundo en el que los grandes retos nos deparan y las que de afuera provienen ustedes tienen la responsabilidad de ser los que los enfrenten”, afirmó.

Dirigiéndose a la juventud, dijo: “Cada joven cubano, cada tipo de joven de cada conferencia que hay en sus países es una trinchera de la Revolución. La batalla de ideas se ha convertido en la trinchera más vital contra el oscurantismo ideológico y la fuerza de todo lo que se opone al progreso”.

Finalizó con una declaración de principios: “El futuro de nuestros hijos, los sueños que tenemos que alcanzar están en nuestras manos". Y concluyó citando a Fidel: "Nosotros estamos dispuestos a resistir digna y en grande los años que sean necesarios el bloqueo del imperialismo. Cuba sabrá mantenerse en el ejemplo de una Revolución que no se rinde”.