CAMAGÜEY.- Fidel Castro parece un personaje histórico demasiado grande para caber en una viñeta. Sin embargo, basta recorrer la exposición Un coloso entre viñetas, abierta en la Biblioteca Provincial Julio Antonio Mella, para comprobar que su figura ha entrado, una y otra vez, en el lenguaje del cómic: como protagonista, personaje secundario, referencia histórica, héroe, símbolo o incluso como parte de una ficción.
La muestra, organizada como parte de la jornada de conmemoración por el centenario de su natalicio, reúne originales de historietas cubanas y reproducciones de publicaciones extranjeras en las que aparece Fidel o algún episodio de la historia relacionado con él. Es una colaboración entre el proyecto ArteCómic Studio, el Consejo Provincial de las Artes Plásticas (CPAP), la Biblioteca Provincial y el Centro Provincial de la Música, que acompañó la apertura con la intervención del saxofonista Henry Hernández.
Dos maneras de mirar al mismo personaje ocupan las paredes. A la izquierda, la producción cubana, con ejemplares disponibles para la consulta del público en la propia biblioteca. A la derecha, publicaciones rastreadas en redes y procedentes de autores extranjeros que, desde distintas épocas y perspectivas, también han dibujado a Fidel.
Quizás el primer descubrimiento de la exposición sea precisamente ese: la historia también puede leerse en cuadros, globos de diálogo y secuencias dibujadas.
Alfredo Fuentes, presidente del CPAP, recordó que la historieta pertenece a la cultura pop y ha sido históricamente un poderoso instrumento de propaganda. En Cuba, considera, podría aprovecharse mucho más para potenciar la historia y los valores, porque tampoco permaneció ajena al acontecimiento de “un hombre barbudo que transformó el país”.
En las historietas cubanas expuestas aparece, además, una característica que José Carlos Guevara, filólogo y especialista de la Biblioteca, identificó desde el lenguaje: el exceso de palabras. Muchas viñetas explican, describen y enseñan de manera explícita, en correspondencia con la intención didáctica que ha predominado en la historieta cubana. Para Alfredo, esa sobrecarga de texto constituye precisamente uno de los defectos.
Pero basta detenerse en los originales para comprender que detrás de esos dibujos hay también una historia de la propia industria editorial cubana.

En Con mis pequeños cosmonautas, biografía novelada de Arnaldo Tamayo ilustrada por el camagüeyano Ángel Velazco, Fidel aparece asociado a la idea de que quien nace pobre es potencialmente revolucionario. Alfredo llamó la atención sobre esa relación entre personaje, contexto y obra: sin la Revolución, sostuvo, no habría sido posible la historia de Tamayo ni aquel libro.
En La batalla del Che, con guion de Manuel Pérez Alfaro, la figura de Fidel reaparece al reconstruirse la epopeya de Ernesto Guevara en Santa Clara. Los originales permiten, incluso, comparar sus dimensiones con el formato final del libro, una diferencia que también habla de las limitaciones editoriales de Cuba.
Otras páginas conducen hacia Cuito Cuanavale, de Luis Arturo Aguiar Palacio, cuyo estilo deja poco espacio en blanco, una suerte de horror al vacío que puede convertirse en riesgo cuando las condiciones de impresión no son óptimas. Allí Fidel aparece dando la orden de partir hacia Angola y vuelve a encontrarse con el lector al cierre, junto a Nelson Mandela.
También están la Epopeya del 13 de marzo, donde Fidel aparece a partir del encuentro con José Antonio Echevarría durante el llamado Pacto de México; el volumen colectivo Moncada. Honrar a los héroes, con especial atención al capítulo “El juicio de la historia”, ilustrado por Roberto Alfonso; y Tres victorias, cuya portada pertenece a Orestes Suárez, otro de los nombres de culto de la historieta cubana.
Entre tantas imágenes, Dairel Arcos, especialista del CPAP y dibujante, se detuvo en una frase atribuida a Fidel: “Ahí donde esté la ignorancia hay que ir”. Para él, la presencia de todas estas obras alrededor del centenario justifica una convicción: una exposición como esta es poco.
La afirmación no es solamente cuantitativa. Detrás está la necesidad de comprender cuánto pueden dialogar las artes plásticas, la literatura y la historieta cuando se trata de contar la historia.
Y entonces la exposición gira la mirada hacia afuera.
En las publicaciones extranjeras, Fidel aparece desde otros códigos y otros sesgos ideológicos. Alfredo advierte que “en el campo del arte todo puede ser usado a favor o en contra”, pero llama la atención sobre un hecho: incluso cuando la mirada parte de posiciones contrarias a la Revolución, la figura de Fidel no necesariamente es atacada.
Está, por ejemplo, la novela gráfica Castro, realizada por un autor alemán que pudo entrevistarlo durante sus últimos años. También una historieta de los años ochenta protagonizada por Flash, el conocido personaje de DC, quien llega a Cuba en busca de su padre y termina en una fiesta donde se encuentra con Fidel, a quien incluso salva de un atentado.
Marvel recurrió de manera semejante a otro intento de asesinato. Y el tema de los atentados aparece como eje en la novela gráfica Killing Castro.
Mucho más atrás conduce The Man with the Beard, fechada en 1959 y concebida como un relato gráfico sobre la entrada de Fidel en La Habana. Action Comics, por otra parte, utiliza el sarcasmo para contar una conversión al comunismo vinculada con la Revolución cubana.
Son miradas distintas, algunas humorísticas, otras documentales, otras abiertamente atravesadas por la ficción. Pero todas terminan revelando algo que Alfredo resumió de manera contundente: Fidel es un personaje imposible de ignorar cuando se cuenta la historia contemporánea de Cuba.
Por eso Un coloso entre viñetas funciona mejor cuando no se contempla únicamente como una colección de dibujos sobre Fidel. Es, también, una exposición sobre las maneras de representar la historia.
Una viñeta no puede contarlo todo. “Las historietas no pueden recogerlo todo, porque es ficción”, recordó Alfredo. Pero justamente ahí reside parte de su fuerza: pueden convertir un episodio complejo en una imagen memorable, introducir un personaje histórico en el territorio de la imaginación y conseguir que alguien se acerque a la historia sin sentir que está frente a una lección.
Ese es el mayor desafío que plantean estas paredes: cómo hacer que la historia pueda ser también una experiencia de lectura, juego y descubrimiento.
Porque Fidel aparece aquí como apareció tantas veces en la memoria del país: dibujado, reinterpretado, simplificado, convertido en personaje. Un coloso, sí, pero por una vez contenido dentro de los límites de una viñeta.
Y quizá eso permita mirarlo de otra manera.
La programación del CPAP en homenaje al centenario del natalicio de Fidel Castro continuará en Camagüey con otras dos exposiciones. Un héroe que intentó cambiar el mundo abrirá el próximo 10 de agosto, a las 5:00 p.m., en la Galería Larios, mientras Puedes decir que soy un soñador pero no soy el único quedará inaugurada el 12 de agosto, a la misma hora, en la Galería República 289.
