Nunca lo abandonaron su aire de adolescente y la mirada pura de niño, a pesar de que llegó a tener ¡a los 27 años! una historia grande que contar.

Eliseo Reyes Rodríguez, Capitán San Luis en el Ejército Rebelde, Rolando en la guerrilla del Che en Bolivia, cayó combatiendo el 25 de abril de 1967, en una emboscada en la finca El Mesón, entre los ríos Ticucha e Iquira.

El Guerrillero Heroico consignó entonces en su Diario esa jornada como Día negro y añadía:"...Hemos perdido el mejor hombre de la guerrilla y, naturalmente, uno de sus pilares, compañero mío desde que, siendo casi un niño, fue mensajero de la Columna 4, hasta la invasión y esta nueva aventura revolucionaria (…)

(…)”de su muerte solo cabe decir, para un hipotético futuro que pudiera cristalizar: tu cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma”.

Eliseo Reyes destacó en la tropa del Che por sus cualidades de soldado forjadas en la lucha revolucionaria cubana, en la Sierra Maestra, siempre bajo las órdenes de Ernesto Guevara. Al morir, a punto de cumplir el 27 de abril los 27 años, ejercía, además, las funciones de Comisario Político de la guerrilla.

Natural del poblado que le dio nombre entre sus compañeros combatientes de las montañas cubanas, conoció al Che en un enclave llamado El Hombrito, un campamento ubicado en lo profundo de esa zona agreste.

Allí había llegado el delgado y casi niño Eliseo, de 17 años. Era el sexto de los 11 hijos del matrimonio formado por los humildes campesinos Marcelino Reyes y Ana Francisca Rodríguez, del pueblo de San Luis, cerca de Santiago de Cuba.

Su decisión era firme: incorporarse a la lucha rebelde, comenzada por Fidel Castro en la cadena montañosa del Oriente desde diciembre de 1956.

Pese a su apariencia frágil, era muy dinámico y listo. Fue primero mensajero y no había encargo que no cumpliera con rapidez y eficientemente.

Enseguida empezaron a llamarlo San Luis. El Che se dio cuenta de las cualidades del chico, entre las cuales también estaba su rapidez en el aprendizaje, sagacidad e inteligencia. Por eso no titubeó en incorporarlo como miembro de la Columna Invasora Ciro Redondo que se dirigía al centro del país.

Tanto las fuerzas comandadas por el Che, como la Columna Antonio Maceo dirigida por Camilo Cienfuegos, por orden de Fidel partieron en el verano de 1958 hacia el centro y el Occidente del país a extender la lucha armada revolucionaria y darle el golpe de gracia a la tiranía.

Eliseo o el pequeño San Luis mantuvo un comportamiento a la altura de las expectativas que empezó a despertar desde el comienzo: valiente, arrestado, participaba en los enfrentamientos y combates y llegó a La Habana, con la revolución triunfante, con los grados de capitán.

Fue designado por el Che como Jefe de la Policía en la Fortaleza Morro-Cabaña, luego de su toma por las tropas rebeldes. Más tarde participó en la fundación del Ministerio del Interior y ocupó el cargo de delegado de esa institución en la provincia de Pinar del Río.

Trabajó intensamente en la conjura de sabotajes, en la lucha contra infiltrados agresores y contra bandidos que se libró fundamentalmente en la Cordillera del Escambray.

El tres de octubre de 1965, el Capitán San Luis integró la membresía del recién constituido Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Desde allí escuchó la carta de despedida del Che, leída por Fidel para todos los cubanos. En julio de 1966 el Capitán San Luis estuvo entre los seleccionados para ser parte del destacamento internacionalista guerrillero que iniciaría la lucha armada en Bolivia y prendería la llama de la liberación de América Latina.

Y se fue, con la prontitud y las buenas ganas que le ponía al cumplimiento de cualquier misión, a la cita de los revolucionarios y de los héroes de la Patria Grande.

Después de muchos años, sus restos pudieron ser sepultados en la Patria, en un monumento donde se le rinde homenaje junto a sus otros inolvidables compañeros en el Mausoleo de Santa Clara.

Pero por más que se piense y sienta en el momento de las flores y el recogimiento, sus compatriotas o familiares saben que sus huesos de pequeño gigante realmente están en un mundo más vasto.

Se extienden, como dijera el Che, por los enormes prados de las causas justas por las cuales luchó. Igualmente habitarán siempre un tiempo joven que nunca morirá.

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