A propósito del Día del Instructor de Arte, celebrado el 18 de febrero, resaltamos la historia de una camagüeyana que, a través de su proyecto inclusivo Construyendo Sueños, apuesta por integrar a todos los niños a quienes les guste bailar. Con ensayos los martes y jueves a las cinco de la tarde en el Centro de Gestión Cultural, el grupo ha demostrado que las diferencias no limitan el talento y que la verdadera inclusión se construye desde la práctica cotidiana.

CAMAGÜEY.- Cuando Melissa ensaya con su grupo de baile todo se vuelve un caos, un caos hermoso. Ese de tener a muchos niños alrededor e intentar que bailen en un mismo sentido y a un mismo ritmo, o mejor aún, que en sus diferencias logren acoplarse. Cuando Melissa les enseña pasos o canciones nuevas, les habla con cariño y hasta les rectifica, los niños la quieren más.

“Construyendo Sueños” es un nombre sencillo, pero que resume el significado de este proyecto. Los niños sueñan. Mucho. Ya sea futuros bailarines, futbolistas, maestros o mecánicos. Desde antes de saber bien lo que encierran estas profesiones, a veces se prende la chispa y llegan a imaginarse “de grandes” ejerciéndolas. A los adultos solo les resta acompañarlos. Cuidar y alimentar esos sueños.

Este no es un proyecto cualquiera, sino uno que lleva como premisa la inclusión. Aunque en Cuba desde lo gubernamental se muestra una intención clara hacia un país más inclusivo, este término a veces pareciera una moda, añadido a discursos solo porque sí, sin llegar a acciones concretas en aras de lograr el propósito. En un contexto que deberíamos preguntarnos ¿cuántas veces lanzamos una mirada de lástima a un niño con discapacidad intelectual? o ¿hasta qué punto vivimos en una sociedad para todos? “Construyendo Sueños” nos enseña a aceptar lo diferente.

Melissa Álvarez Niño durante el aislamiento en la etapa de Covid-19, tuvo mucho tiempo para sentarse y planear su idea. Ya antes, como instructora de arte, trabajó con Daniel y Mariana, dos niños Down amantes de la danza. A ellos se sumaron otros pequeños y pequeñas sin discriminación alguna. Ella lo dice claro: “Aquí solo hay una condición y es que te guste bailar. Muchos hablan de un grupo de la enseñanza especial, pero no es así. Tenemos niños de la enseñanza general también”.

La idea es precisamente esa. Que, en sus diferencias, todos se reconozcan e interactúen con sus potencialidades y limitaciones, pertenezcan a una enseñanza o la otra, presenten alguna discapacidad intelectual o no. Así han construido una comunidad. Porque los niños, quizás, no necesiten tantas explicaciones para entender que lo diverso no es malo y que todos tenemos algún talento.

A la hora de los ensayos, Melissa reconoce que resulta un poco difícil al trabajar con niños que están en constante proceso de formación. “Cada uno tiene su especificidad, tanto de la enseñanza general como especial. Por ejemplo, cuando se unió Chadia, una niña Down, fue complicado porque no tenía ninguna base para el baile y le costaba socializar con los demás. Al principio llegaba y solo me saludaba a mí, pero después de algunos años la realidad es diferente”.

“Yo pienso que el límite de los niños lo ponemos nosotros mismos y trato de que no sea así. Sé donde ubicarlos, darles su momento y responsabilidad para que desarrollen sus habilidades; pero no les digo que no pueden, primero lo intentamos y si no lo logran buscamos otro espacio”.

Es precisamente gracias al esfuerzo de los niños, su profe y las familias que ha ganado espacios y visibilidad en la provincia. “Participamos en el Festival de la Danza, donde Daniel obtuvo premio de interpretación masculina con un solo que hizo llamado Tattoo”.

Pero lo más difícil, quizás, que enfrentaron como grupo fue preparar la comparsa inclusiva que presentaron en el Carnaval Infantil, celebrado cada año como parte de los festejos del San Juan Camagüeyano y donde obtuvieron el primer lugar en comparsa, mejor coreografía y mejor vestuario.

“Eran 33 niños bajo mi guía y de la profe del grupo Lianet Dance. Empezamos a ensayar un mes antes y se convirtió en un tremendo reto porque por primera vez presentábamos una comparsa inclusiva. Esa fue la primera barrera a romper, teniendo como premisa que nosotros éramos uno más del carnaval. Un reto también para los niños porque fue un trayecto muy largo”.

“De hecho, pensé que ni siquiera tendríamos premio, aunque nunca fue lo importante. Fuimos con la idea de concientizar y de lograr un entendimiento en las personas acerca de que los niños con discapacidad intelectual también forman parte de nuestra sociedad y como tal deben integrarse a ella. Además, fue un momento para demostrar todo lo que pueden hacer”.

“Y lo logramos. Hubo una aceptación total del pueblo desde que nos paramos al inicio de la Avenida hasta que llegamos a la plaza. Las personas no sabían dónde estaban los niños de enseñanza especial y me preguntaban. Al final esa es la idea, que no miren a Construyendo Sueños como un proyecto de enseñanza especial sino de integración”.

Si bien han acumulado muchos momentos bonitos en estos años de proyecto, para Melissa han existido trabas también, esas que precisamente tienen que ver con la “falsa inclusión”, aunque el discurso se torne diferente. Cuenta, entonces, las muchas veces que han limitado el proyecto a la educación especial cuando se refieren a él en sus presentaciones

Cuando le pregunté ¿por qué construyendo sueños?; Melissa dudó un poco, pero luego lo tuvo claro. “Fueron muchos nombres que nos venían a la cabeza al principio y después la indecisión para escoger. A mí siempre me ha gustado el trabajo con los niños. Por eso, este ha sido un sueño personal ya materializado. Al principio me recomendaban Reparador de Sueños, pero yo decía: -no voy a reparar nada, vamos a construir algo- Así surgió”.

“He tenido momentos en que he trabajado con cinco niños solamente, pero con el apoyo de la familia siempre logramos avanzar. Los niños se mueven por los padres. Entonces, es importante ese apoyo, más en un caso como este. Si los padres no concientizan que pertenecen a un proyecto donde hay niños de la enseñanza especial, no hacemos nada. Y en el mismo sentido es muy importante el apoyo de las familias de los niños con discapacidad intelectual, que aprendan a no limitarlos, que sean los primeros en reconocer lo que son capaces de hacer”.

El camino no ha sido fácil, aunque los niños, las familias y Melissa lo hacen ver así. Su gran sueño, que seguirá construyendo, es tener un grupo más grande, seguir sumando, porque actualmente solo cuenta con 13 muchachos, cuatro de ellos de la enseñanza especial.

Por eso continúa recibiendo a todo aquel que le interese el baile, en el Centro de Gestión Cultural los martes y jueves a partir de las cinco. Aunque la situación actual sea difícil para que el arte resista, Melissa lo intenta día a día y hay quienes la acompañan a pesar de apagones y problemas económicos.

Algunos años después de creado el proyecto, ya suman saberes y retos, como aquella necesidad de una inserción real de estas personas a la sociedad. Porque cuando hablamos de una inclusión sin falsedades debemos hacerlo no solo desde lo poco que se ha logrado, sino de lo que falta, sobre todo, a la hora de cambiar modos de pensar y actuar en las personas.

Los niños de Construyendo Sueños quizá no lo entiendan bien. Son niños. Interactúan de forma espontánea en un espacio donde todos son diferentes, pero tienen un mismo objetivo: bailar. No más que eso. Y a sus padres, con la guía de Melissa, solo les resta seguirles. Así son un ejemplo claro de que, a veces, los sueños no se construyen solos, necesitan una comunidad para hacerlos posible.