Aunque el hecho es más habitual cuando Camagüey pierde, no faltan ocasiones en las que la pizarra nos favorece y también – ¡quién puede entenderlo! – estos “apurados” aguardan junto a la puerta porque caiga el telón.
Pero no hay como un día tras otro, y hasta el más “papista” puede encontrarse en la posición que tanto criticó. Así me sucedió ayer en la noche, mientras presenciaba el partido entre camagüeyanos y avileños, durante la continuación de la segunda Serie Nacional de Béisbol para menores de 23 años.
Para resumir lo ocurrido en los ocho primeros innings basta una frase: nada o casi nada. Durante esas entradas solo brillaron los pitchers (Arbelio Quiroz por nuestra parte, Ariosky Hernández por la visita) que permitieron dos carreras limpias avileñas y una camagüeyana (esta última por cuadrangular de Luis González, en el epílogo de la cuarta entrada).
Otra anotación visitante, ocurrida en el comienzo del octavo, pareció sentenciar el compromiso en favor de los actuales sotaneros del grupo C, que sin mayores alardes pero con conexiones oportunas habían sabido llegar tres veces al plato y marchaban rumbo a un importante triunfo que los acercaba a Las Tunas (6-7, derrotada en la tarde por el líder Sancti Spíritus) y previsiblemente, Camagüey.
En la otra banda, los nuestros se mantenían afrontando la sequía ofensiva que los ha caracterizado en las últimas fechas, la cual los posiciona como la selección menos productiva del grupo (average de .221, 39 anotadas y 33 remolques). Como decía, su desempeño más notable madero en ristre llegó en el cuarto, cuando Luis González la mandó de línea sobre la cerca del jardín izquierdo.
En el resto de las entradas solo resaltaron los problemas del equipo para eslabonar conexiones e incluso tocar de bola, dos aspectos que no acaban de cuajar en el ABC de sus visitas al cajón de bateo y que para nuestra desgracia los espirituanos –los rivales a derrotar en esta llave clasificatoria– sí tienen muy bien aprendido.
Tal era el panorama cuando ya en el noveno Laidel Águila cedió el out inicial de la entrada y el abridor Ariosky Hernández se aprestó a completar la ruta anotándose su primera victoria del campeonato.
Confieso que no fui el único que para entonces estaba de pie en las escaleras, esperando por el “dos-tres” lapidario que nos hiciera descender hasta la posición en la que ya aguardaba Las Tunas. Fue a partir de ahí que las cosas cambiaron.
Enumero los suceso por su orden: boleto a Yoel Darce (que este lunes abrió de designado en el octavo puesto), texas de Luis Gómez y difícil rolling de Eleazar Lami al pitcher que este canjeó en un error en tiro a segunda y carrera de Darce desde tercera.
Los relevos de Luis Javier Pacheco y Osbel Velázquez no sirvieron más que para propinar un pelotazo (a Humberto Bravo) y soportar el machucón definitorio de la noche (Leonel Segura, sobre la primera almohadilla). Al final, Camagüey dejó al campo a Ciego de Ávila, 4-3, y yo quedé como uno de los tantos “apurados” que celebró la victoria junto a la escalera que conduce a la entrada del ala derecha.
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