CAMAGÜEY.-El joven solo esperaba la entrevista. Necesitaba descansar. El día anterior había hecho guardia y ya eran las 12 del mediodía. No le tocaba quedarse en el hospital esa noche, pero a veces se necesitan más manos ante un déficit de profesionales que asciende casi al 50% de la plantilla.

El puesto permanecía organizado y colocado arriba de la mesa su identificador: Lic. Juan Luis León Rodríguez, Especialista 1er Grado Enfermería Intensiva y Emergencia. Como quien no necesita llevarlo para ser reconocido, para ejercer con responsabilidad su profesión a tan solo tres años de graduado.

“Yo no quería ser enfermero. En aquel momento empecé a estudiar por el miedo a dos años de servicio militar y al final la carrera que obtuve fue esa. Los primeros meses yo decía: ‘esto no es para mí’, pero me fui enamorando, los pacientes te reconocen y agradecen y eso no tiene comparación con nada”.

A pesar del poco tiempo en el ejercicio profesional sostiene el encargo de dirigir la enfermería en el Hospital Materno Provincial Ana Betancourt de Mora, un terreno, además, asumido históricamente por mujeres.

-¿Cómo ha sido el recibimiento por parte del equipo de trabajo y de los pacientes siendo el primer hombre que ocupa el cargo?

Al equipo de trabajo ya lo conocía. Cuando era estudiante hice mi ayudantía aquí y realmente me han recibido con mucho cariño y respeto. Noto un compromiso para que el hospital pueda lograr cambios. Los pacientes y acompañantes sí se cohíben al ver que soy joven y además hombre. Piensan que la poca experiencia es igual a falta de conocimientos. Además del instinto maternal que yo no tengo, pero que creo me hace tomar decisiones con la cabeza más fresca sin hacer consensos que a veces no son los adecuados.

-Siendo especialista en enfermería intensiva y emergencia y buscando mantener esa "cabeza fresca" ¿cómo manejas el duelo ante la pérdida?

Es difícil. Cualquiera en mi lugar vería morir a personas, que por ley de la vida no deberían, niños y jóvenes. Pero eso no te puede sobrepasar. Tienes que lograr tener tiempo de calidad y descanso, sin olvidarte nunca del hospital. Cuando salía del turno pensaba que iba a estar con mi familia, que necesitaba distracción sin olvidar los casos que al día de hoy recuerdo. Llamaba para saber cómo estaban y me preocupaba. Y en sentido inverso, cuando llegas al hospital tienes que quitarte todos los problemas porque hay muchos que dependen de ti.

-¿Has tenido alguna experiencia dolorosa en estos tres años de ejercicio profesional?

- “Sí, la más difícil fue atender a mi madre hasta que falleció hace nueve meses. Yo trabajaba en la sala de terapia intensiva en el hospital y allí ingresó. Es muy doloroso porque debido a tu formación conoces la gravedad. Desde el primer momento sabía que había una gran posibilidad de que falleciera. Fue muy duro trabajar sabiendo que eso podía ocurrir. También hay otros pacientes que tú ves que se recuperan y de momento fallecen.

-Con golpes tan duros en lo profesional y personal ¿cuáles son tus prioridades de trabajo para garantizar un cuidado de excelencia a pesar de las limitaciones en el sistema de salud cubano?

Una de las principales limitaciones en muchos sectores de la sociedad es la falta de recursos humanos. Este hospital está trabajando solo con una plantilla de poco más del 50%. Nadie quiere someterse a trabajar sin recursos materiales y cobrando un salario que no garantiza lo principal. Pero uno de mis deseos es que los que estamos aumentemos nuestro nivel científico, que cada uno logre ganar en conocimiento, en investigaciones, que al final se traduce en atención de calidad a ese paciente.

“Además, debemos trabajar con los que están, motivarlos e incentivarlos porque a veces se cansan, y es entendible. Faltan muchos, pero los que estamos tenemos que seguir trabajando”.

-En ese sentido, ¿ también te superas científicamente?

“Sí, en cuanto acabé mi licenciatura en 2023, comencé la especialidad en enfermería intensiva y emergencia hasta que me gradué. Ahora mismo empezaré la maestría en administración de los servicios de salud en la Universidad de Ciencias Médica”.

-En estos tiempos tan difíciles, ¿qué es lo que más te desafía siendo enfermero?

El mayor desafío es trabajar sin recursos, los humanos y materiales, que quizás en otra época fueron muy abundantes y en estos tiempos son escasos. Eso dificulta mucho el trabajo de calidad que puedes brindar a los pacientes, y que además no deja que los enfermeros se desarrollen profesionalmente. Muchos se desmotivan, porque tienen preocupaciones de la casa, porque deben sustentar su hogar y aquí tampoco tienen lo que deberían para brindar una buena atención.

Entonces, ¿Vale la pena ser enfermero?

“Yo sigo creyendo en la enfermería, me sigue gustando, todos los días me enamoro de ella y trato de inculcar eso mismo a todos los enfermeros y jóvenes que rotan por aquí. Lo que más reconforta es cuando un paciente se siente satisfecho, se va para su casa con un buen trato. Eso no hay dinero que lo iguale”.

Juan Luis se desabrocha los botones de su bata. La entrevista ha terminado, pero su día no. Afuera, en los pasillos del “Materno”, las manos siguen faltando. En sus ojos no hay el romanticismo ingenuo de un recién graduado, solo cansancio y la madurez del enfermero que ha visto la muerte de cerca, incluso la de su propia madre. Después de todo, en un hospital donde faltan manos él es de los que decidió quedarse. Y de los que todavía cree.