CAMAGÜEY.-  En medio de la 2da Jornada Por la Cultura Camagüey–Santiago de Chile, en desarrollo del 14 al 17 de mayo, el café literario La Comarca volvió a convertirse en un sitio de diálogo entre artistas, públicos y sensibilidades latinoamericanas.

 Invitado al Estrechando Espacio, conversó el poeta y cantor chileno Igor Fernando Fuentes, nacido en la comuna de San Miguel, un hombre que ha transitado por oficios tan diversos como vendedor, electricista, cuidador de caballos, trabajador hotelero y taxista. Sin embargo, detrás de cada uno de esos trabajos persiste una misma búsqueda: la poesía como herramienta espiritual y humana.

 Desde el inicio de la conversación, Igor se refirió a Camagüey no solo como una ciudad patrimonial, sino como un territorio donde la cultura todavía conserva una intensidad comunitaria poco común en América Latina.

 “La Comarca es un lugar maravilloso. Es un nicho terrenal de arte y de lo humano. Quedé impactado la vez anterior que estuve acá en Cuba, en Camagüey, por la ferviente actividad cultural que hay”, comentó.

 Esa admiración no aparece como un gesto de cortesía. A lo largo del intercambio fue evidente que el escritor chileno percibe en la vida cultural camagüeyana algo que escasea en otros países: la permanencia de un tejido artístico conectado con la comunidad.

 POESÍA PARA TIEMPOS DE CRISIS

 Su poemario “Semilla estelar” parte de una idea poco frecuente dentro de la poesía contemporánea: la escritura entendida como acto de sanación. El propio subtítulo del libro, Poemas para la sanación de las naciones, propone una lectura espiritual y ética del individuo.

 “Nosotros como personas somos una nación, una administración. Debemos hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestros valores, y eso hay que hacerlo en el día a día”, explicó.

 En el contexto cubano actual, marcado por tensiones económicas, incertidumbres y desgaste emocional, esa insistencia en el cuidado interior adquiere una resonancia particular. Igor no habla desde el discurso religioso ni desde fórmulas de autoayuda, sino desde la convicción de que la transformación colectiva comienza en pequeñas decisiones personales.

 Su visión de la espiritualidad también se conecta con una memoria ancestral latinoamericana. Durante la conversación surgió el tema de las culturas originarias y la deuda histórica que todavía existe con ellas.

 “Las etnias originarias han sido desplazadas en todas partes de Latinoamérica y del mundo. La gente vivía en armonía con la naturaleza y de repente llegaron unos ‘locos’ diciendo: ‘esto es mío’. Ahí empezó el desplazamiento y el exterminio”, afirmó.

 La reflexión no se limita al pasado. En sus palabras aparece una crítica al individualismo y a las formas contemporáneas de poder, como si la desconexión espiritual de la humanidad hubiera desembocado en el caos político y social actual.

 VIVIR ANTES DE ESCRIBIR

 La historia personal de Igor también desmonta cierta imagen romántica del escritor apartado del mundo real. Aunque estudió electricidad industrial y ha desempeñado múltiples oficios, nunca abandonó la escritura.

 En Chile, cuenta, la poesía forma parte de la educación sentimental de muchas generaciones. Nombres como Pablo Neruda, Gabriela Mistral o Violeta Parra estuvieron presentes desde su infancia. “Mi primer poema fue a los ocho años. De ahí quedé impactado y a través del tiempo empecé a escribir”, recordó.

 Sin embargo, el camino artístico no estuvo acompañado de estabilidad económica. En un momento de la conversación habló con franqueza sobre la precariedad que viven muchos creadores latinoamericanos.

 “Siempre se cree que el que hace arte la está pasando bien. Te llaman: ‘oye, ven a tocar’, y no te pagan. Entonces tienes que dedicarte a otra cosa porque del arte no se vive”.

 Esa realidad dialoga inevitablemente con la experiencia cubana. En un país donde numerosos artistas sostienen su obra entre carencias materiales y trabajos alternativos, sus palabras encuentran eco. Igor no idealiza el oficio artístico: lo presenta como una resistencia cotidiana.

 

EL TAXISTA QUE ESCUCHA HISTORIAS

 Desde 2006, con intervalos, trabaja como taxista. Eligió ese oficio porque le permite administrar mejor su tiempo y mantener libertad para asistir a actividades culturales o desarrollar proyectos personales.

 Pero conducir también se convirtió en una forma de observación humana. “Hay mucha interacción. La gente te aporta cosas increíbles. A veces surgen conversaciones filosóficas que dan como para ir hasta la montaña”, contó entre risas.

 Esa experiencia resulta especialmente significativa para alguien que escribe poesía. El taxi funciona como un espacio donde se cruzan vidas, preocupaciones y confesiones. En cierta manera, Igor parece construir parte de su imaginario escuchando a desconocidos.

 La conversación volvió entonces sobre la literatura y los textos que marcaron su formación. Mencionó lecturas filosóficas, místicas y ensayísticas, aunque dejó claro que su centro creativo continúa siendo la poesía. “Para mí la poesía es lo más sublime de la literatura universal.”

 CAMAGÜEY COMO EXPERIENCIA EMOCIONAL

Uno de los momentos más reveladores de la entrevista apareció cuando habló de la ciudad. Igor describió a Camagüey como un lugar donde todavía percibe inocencia y tranquilidad social, algo que contrasta con los niveles de violencia presentes en otras zonas de América Latina.

“Hay una cosa de pereza, de inocencia. Lo digo en el poema, que es algo camagüeyano, uno se da cuenta”, expresó.

 Más allá de la frase coloquial, la observación revela cómo un visitante extranjero interpreta ciertos rasgos de la cotidianidad cubana que para los propios habitantes pueden pasar inadvertidos. También destacó la belleza arquitectónica y la efervescencia artística de la ciudad.

 “Esta ciudad es preciosa, patrimonial. Su arquitectura es una poesía.”

 Resulta significativo que esa mirada ocurra precisamente en uno de los momentos más complejos que vive Cuba en las últimas décadas. Cuando se le comentó que había llegado al país en medio de una etapa especialmente difícil, Igor respondió vinculando su presencia con el trabajo solidario que desarrolla desde Chile.

 SOLIDARIDAD CONCRETA

 El poeta integra un comité llamado Solidaridad con Cuba, desde donde organizan el envío de medicamentos e insumos médicos. “Todo el que viene para acá se lleva su maletica con medicamentos que se entregan en hospitales”, explicó.

 Más que una declaración política abstracta, habló de acciones concretas: actividades culturales para recaudar fondos, redes de apoyo y vínculos humanos construidos a través de la música y la poesía.

En tiempos donde muchas relaciones internacionales se sostienen desde discursos institucionales, esa solidaridad cultural adquiere otra dimensión: la del intercambio directo entre personas.

UNA LECCIÓN PARA LATINOAMÉRICA

 Hacia el final de la conversación, se le preguntó qué recomendaciones haría a los organizadores de la jornada cultural. La respuesta terminó convirtiéndose en un reconocimiento al modelo comunitario camagüeyano.

 “¿Cómo voy a recomendar, si ustedes son una escuela para nosotros? Esa presencia comunitaria es maravillosa”, afirmó.

 Recordó además su participación en movimientos de Cultura Viva Comunitaria en Chile y lamentó cómo muchas iniciativas culturales terminan fragmentándose por conflictos internos o egos personales.

 Frente a eso, observó en Camagüey una persistencia colectiva que todavía articula teatro, danza, carnaval y participación popular.

Más que una entrevista promocional, la conversación con Igor Fernando Fuentes terminó revelando una sensibilidad latinoamericana que mira a Cuba no desde la condescendencia ni desde el exotismo, sino desde la identificación humana.

 Quizá por eso sus últimas palabras sonaron menos como despedida y más como compromiso: “El nexo va a seguir. Espero que no sea la última vez que yo venga. Voy a estar conectado a esta tierra.”