CAMAGÜEY.- Eran las 6:10 pm y ella descansaba en casa. No pensó vivirlo nunca. En Cuba no había tenido una experiencia similar y no estaba acostumbrada. Si le preguntan lo que ocurrió ese día no duda en responder: desesperación, frustración, dolor, miedo. Guarda recuerdos inolvidables- y no por bueno- de la Guaira, un lugar destruido y triste.

Aún le parece mentira. Fue impactante ver a todos, tanto cubanos como venezolanos, salir corriendo hacia los lugares más altos de la ciudad. “Aún parece una película. Derrumbes, personas que lo perdieron todo, otras que guardan esperanza de encontrar a sus familiares. Muchos viven en la calle y en refugios, y algunos tienen miedo de regresar a casa por si tiembla de nuevo”.

No se explica todavía cómo reaccionó a tiempo y que, sin haber vivido algo parecido, no entrara en shock y pudiera correr para salvarse. Quizás sacó esa fuerza, a veces oculta, de pensar en los suyos y saber que la necesitaban, del deseo de reencuentro. En un momento así solo recordó a sus mellizas de trece años, a su madre, hermana y sobrino.

“Ese día por suerte no entré en pánico y reaccioné a tiempo. Empecé a llamar a mis compañeros que viven en el tercer piso de la casa y salimos corriendo. Los primeros minutos fueron de desesperación, de temor por si volvía a temblar y de mucha preocupación por todos los cubanos que se encuentran en el Estado. Las personas corrían llorando y gritando. Te lo puedo contar, pero hay que vivirlo.

La cifra de víctimas fatales producto de los sismos ascendió a más de 4000, mientras que el número de heridos se ubica en 16.740. De igual forma, son más de 17000 personas las que se encuentran sin vivienda.Foto:Tomada de ReutersLa cifra de víctimas fatales producto de los sismos ascendió a más de 4000, mientras que el número de heridos se ubica en 16.740. De igual forma, son más de 17000 personas las que se encuentran sin vivienda.Foto:Tomada de Reuters

“Cuando el temblor cesó prácticamente era de noche. Nosotros habíamos corrido para un lugar más alto como nos indicaron los vecinos venezolanos por miedo a que entrara el mar. Pasadas las 10 estábamos en la calle aún y nos reunimos todos los colaboradores para saber si estábamos bien. Esa noche nos quedamos en un mismo local hasta el amanecer.

“Tampoco pude comunicarme con mi familia hasta después de 48 horas. Por suerte, mediante un primo que vive en otro estado, pude avisarles a todos en Cuba que estaba bien. Una vez hablé con ellos lo primero que me dijeron fue que regresara. En ese momento toca calmarlos desde la distancia y es muy difícil, pero en Venezuela está mi deber ahora”.

 Luego llegó esa segunda parte, la de atender a heridos que lo han perdido todo, la de brindarles sostén a quienes no encuentran un consuelo. Lo más difícil es hacerlo con temor y frustración, atendiendo no solo lesiones, también dolor. “Nos enfrentamos a todo tipo de emergencias. Trabajamos directamente en los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) y mantenemos hospitalizadas a personas que se encuentran encamadas y perdieron su hogar. También recorremos los diferentes refugios donde están quienes se quedaron sin vivienda y vamos a las comunidades que tuvieron menos afectaciones.

“Si tengo que decirte lo que veo en las personas es mucha tristeza, desesperación, incertidumbre. Me imagino que se pregunten qué será de ellos, cómo recuperarán su hogar, cómo vivirán con la pérdida de los suyos. A veces no se sé cómo actuar porque están muy afectados".

Hoy, si le piden elegir algún rostro o la historia de un paciente que la haya marcado, no lo tiene claro. Es tanto lo que ha vivido, escuchado, visto, y lo que tiene por contar, que sería injusto escoger. Pero nunca olvidará a aquellas personas que aún mantienen esperanza de encontrar un familiar vivo. “Eso es lo más impactante, todos desesperados por encontrar a su gente y aunque sea brindarle un final digno”.

“Ver tantos derrumbes, familias enteras bajo escombros, ver como llegaban pacientes que habían salido de allí abajo, saber que resistieron tantos días y no se dejaron vencer por la muerte, ver como personas llamaban a sus familiares con la esperanza de que contestaran el teléfono y escucharlos. Es muy duro.

“Cumplir una misión internacionalista ya es un desafío, pero esto supera todo lo que pude imaginar. Es doloroso y no hubiera querido vivirlo, pero de mi familia saco la fuerza diaria para seguir adelante, y de todos los que esperan lo mejor de mí, que regrese sana a abrazarlos. Se los digo, así será. Y cuando veo la tristeza que tiene el pueblo venezolano y siento que esperan de nosotros lo mejor para cuidar de ellos, me confirmo que tengo que estar aquí. Con miedo, cansancio, pero es mi lugar ahora”.

Yohandra recorre uno de los refugios habilitados luego del terremoto. En estos días apenas ha tenido tiempo libre, pero accedió a fotografiarse para enviarnos la imagen.Foto:Cortesía de la entrevistada Yohandra recorre uno de los refugios habilitados luego del terremoto. En estos días apenas ha tenido tiempo libre, pero accedió a fotografiarse para enviarnos la imagen.Foto:Cortesía de la entrevistada