Llegado el período de convulsión revolucionaria de los años 30, amén del resultado de la lucha enérgica de nuestro pueblo en aquella época, el imperialismo maniobró de forma tal que, a partir de ofrecer ante el mundo una nueva imagen de su enmascarada política del "Buen vecino" creo la ilusión de que se producían cambios importantes.
Es así que se derogó la Enmienda.
El 29 de mayo de 1934 se firmaba un nuevo Tratado de Relaciones modificativo del de 1902, al dejar sin efecto sus artículos I, II y III donde se estipulaba el derecho de los Estados Unidos a intervenir en Cuba.
En el convenio del '34 únicamente variaba la forma de dominación, el contenido se mantuvo al precisar en el Artículo II, por citar solo a uno, que desde la ocupación hasta el establecimiento de la República, todos los actos realizados en nuestro territorio por los Estados Unidos (...) han sido ratificados y tenidos como válidos; y todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de esos actos serán mantenidos y protegidos (...)
El gobierno de turno, nominalmente encabezado por Carlos Mendieta (1934-1935), pero realmente sometido a los designios yanquis mediante su embajador Jefferson Caffery y el servil militarismo de Fulgencio Batista, necesitaba una apariencia de normalidad legal y política.
Una vez más se fueron arrebatando al pueblo las conquistas ulteriores al derrocamiento del gobierno de Gerardo Machado (1925-1933), para lo que comenzaron por el aplazamiento de la Asamblea Constituyente cuya convocatoria se había previsto para el primer semestre de ese año, y en la práctica no se hizo hasta 1940.
La historia de Cuba, vivida, conocida y estudiada por generaciones de compatriotas, está permeada de innumerables momentos de enfrentamientos a los vecinos del Norte; uno tras otro los presidentes cubanos del período republicano no fueron más que simples instrumentos manejados al antojo de los embajadores estadounidenses, quienes al amparo del referido Tratado, o de un sinnúmero de leyes, etc, etc, no permitieron que dejáramos de ser neocolonia. Para nada hacía falta la Enmienda Platt.
Como bien reseñaba en un artículo de la época el diario The Washington Post, "(...) Los Estados Unidos han renunciado a la responsabilidad por el mantenimiento de la ley y el orden dentro de la Isla, pero nuestro derecho a intervenir para la protección de las vidas y propiedades de los americanos subsiste aún. Todos los amigos de Cuba y los Estados Unidos alientan la esperanza de que las cosas no deriven hacia el punto en que se haga necesaria semejante acción (...)"
En el análisis histórico de la Revolución Cubana presentado en el Informe Central al Primer Congreso del Partido, se expresa: "(...) La Enmienda Platt fue abolida como resultado de la lucha enérgica de nuestro pueblo en esa época. Y aun cuando Estados Unidos se reservó de facto el derecho a intervenir en cualquier república de América Latina, aquella ominosa y humillante cláusula dejó de ser un precepto de nuestra Carta Magna (...) Siguió una época incierta (...) La marea revolucionaria descendió y Batista consolidó su poder por largos años (...)"
Sin dudas, el negocio les salió redondo.
Han transcurrido 80 años desde el día en que los yanquis tiraron al cesto de la basura la Enmienda, dentro de ellos, los últimos 55 llenos de inconformidad, urdiendo y dictaminando leyes y resoluciones homólogas, en las que de manera detallada, y expresa se han puesto de manifiesto sus verdaderos designios con respecto a nuestro país.
Por aquellos años, como apuntara el historiador Emilio Roig, tuvieron cierto pudor, si es que alguna vez lo han tenido, al dar la sensación ante el mundo, y principalmente ante los pueblos de Hispanoamérica, de que era una realidad el abandono del intervencionismo "(...) Era al menos, borrar una mancha infamante del rostro de la patria, aunque siguiera llevando hundido en el costado el puñal (...)"
No importa el nombre con que hoy suscriban el fatídico y eterno sueño de retornar a la Cuba neocolonial, las miles de cuartillas suscritas por años entrañan ese propósito, con la diferencia de que el negocio de ahora no les saldrá redondo.
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