CAMAGÜEY.- Cuando decidí combinar estudio y empleo, muchas personas me dijeron que sería demasiado difícil. Entre ellas estaban mis propios padres, quienes,como cualquier familia, temían que el cansancio, las responsabilidades o la falta de tiempo terminaran alejándome de las aulas. Su preocupación era comprensible, pero la realidad me ha demostrado que, aunque el camino exige sacrificios, también es posible avanzar cuando existe compromiso con los sueños.

Llegué a Camagüey desde el municipio Colombia, en la provincia de Las Tunas, para comenzar este curso la carrera de Periodismo. Sin embargo, debido a la situación del combustible y al cierre temporal de la universidad para los estudiantes becados, decidí permanecer en la ciudad para continuar mis clases de una manera más estable.

Desde hace varios meses trabajo como dependienta en un restaurante. Mi jornada comienza al mediodía y termina a las diez de la noche. No siempre resulta sencillo combinar las responsabilidades laborales con las académicas, pero esta experiencia me ha enseñado a administrar mejor el tiempo, a ser más independiente y a enfrentar los retos con mayor madurez.

Mi historia no es un caso aislado. En las universidades cubanas, cada vez son más frecuentes las situaciones de estudiantes que deben buscar alternativas para sostener su formación profesional mientras enfrentan dificultades económicas, familiares o personales. Detrás de esa realidad también se encuentran indicadores como la eficiencia universitaria, un resultado que suele medirse a través de porcentajes y estadísticas, pero que pocas veces muestra las historias humanas que existen detrás de cada cifra.

En la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz, el curso 2024 estuvo marcado todavía por las consecuencias de la pandemia de la COVID-19. Durante esa etapa se aplicaron ajustes curriculares y reorganizaciones dela enseñanza para favorecer el retorno gradual a la normalidad educativa. En ese contexto, la meta de eficiencia de ciclo para el curso diurno era de 52 %, y el resultado alcanzado fue de 52,27 %, según datos institucionales.

La situación cambió durante el período 2024-2025. Aunque la meta prevista era de 52,5 %, el resultado descendió a 42,2 %, lo que evidenció un comportamiento inferior respecto al año anterior. Para el curso 2025-2026 la proyección continúa mostrando un escenario complejo, con una meta de 37 % y una estimación de 431 estudiantes graduados.

Entre las causas asociadas a la disminución de la eficiencia universitaria se encuentran las bajas provocadas por la incorporación al trabajo, la migración, las licencias de matrícula y las dificultades académicas. Cada una de esas razones representa una decisión personal y una historia particular que no siempre aparece reflejada en los informes estadísticos.

Ante esta realidad, la Universidad de Camagüey desarrolla proyectos de investigación orientados a encontrar nuevas vías y métodos de innovación metodológica que permitan fortalecer la atención diferenciada a los estudiantes. Entre las acciones se encuentra el trabajo personalizado con los alumnos, la integración de profesores con mayor experiencia en los colectivos de primer año y la participación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en actividades dirigidas a favorecer la adaptación de los estudiantes de nuevo ingreso.

El acompañamiento familiar también constituye un elemento importante. Es natural que los padres sientan temor cuando sus hijos enfrentan responsabilidades mayores, pero la confianza y el apoyo pueden convertirse en herramientas decisivas para quienes intentan mantenerse en las aulas.

La eficiencia universitaria no puede reducirse únicamente a un porcentaje de graduados. Cada cifra contiene historias de jóvenes que estudian, trabajan, enfrentan dificultades y aun así deciden continuar. Porque detrás de los indicadores también están los esfuerzos silenciosos de quienes, como muchos estudiantes, cargan con el peso de un sueño mientras luchan por alcanzarlo.