CAMAGÜEY.- Cuando las coberturas incluyen a un hombre como Raúl Castro, las complicidades se convierten en recuerdos imborrables que se guardan en el bolsillo del corazón, como aquel bolígrafo que un día un periodista le prestó al General y él se empeñó en devolverle un mes después.
Esta y otras historias salieron a flote en la Casa de la Prensa de la capital agramontina, durante el conversatorio Raúl en Camagüey. La cita fue un respaldo cerrado al pronunciamiento de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) contra las recientes imputaciones de Estados Unidos, pero también un acto de cariño sincero en vísperas del cumpleaños 95 del General de Ejército.
Pedro Paneque Ruiz, de Radio Cadena Agramonte, atesora en su memoria la anécdota del bolígrafo que Raúl usó para firmar en el central Jesús Suárez Gayol, en Santa Cruz del Sur.
El periodista recordó cómo le prestó al mandatario aquella pluma, cargada de valor sentimental, para que firmara el libro de visitas. “Un mes después, me la devolvió con una nota de agradecimiento”, narró Paneque. “Eso da la medida de un hombre de detalles”.
Para Paneque, la defensa de Raúl es la defensa del socialismo, una lealtad que el pueblo cubano demuestra con creces. Rememoró el especial cariño que el líder siente por los niños, a quienes siempre consideró la continuidad de la obra de la Revolución.
Por su parte, Ernesto Pantaleón Medina, fundador de la televisión camagüeyana, destacó la faceta más íntima del político: la del compañero de viaje. “Era un compañero más que compartía; tenía el don de la empatía”, evocó, mientras relataba cómo la preocupación de Raúl no solo cobijaba a los soldados, sino también a los reporteros que lo seguían en sus extensas jornadas por la geografía agramontina.
Enrique Atiénzar Rivero, reportero de Adelante, prefirió traer a la mesa la imagen del joven que viajó en tren desde Camagüey hacia Santiago de Cuba para sumarse a la gesta del Moncada. Habló de un líder auténtico, capaz de establecer un diálogo directo y humano con los trabajadores y el pueblo en cada visita, evidenciando que la cercanía no es solo una estrategia política, sino una esencia personal.

La jornada no fue solo de anécdotas emotivas. También hubo espacio para la reflexión histórica. Carlos Díaz Barranco, quien fuera primer secretario del Partido Comunista de Cuba y la Unión de Jóvenes Comunistas en la provincia, aportó una visión de estadista. Recordó que Raúl siempre tuvo una mirada especial hacia la economía, especialmente hacia el Grupo Empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, una idea que él organizó y que ha sido clave para el sostén del país.
Díaz Barranco destacó que Raúl convirtió a Camagüey en botón de muestra para el desarrollo agrícola con las “columnas de orden centenario”. Recordó, además, el cariño inmenso que siempre le ha tenido a esta tierra, incluso en el acto tan solemne de la peregrinación póstuma de Fidel Castro hacia Santiago, Raúl tuvo la delicadeza de mencionar al Camagüey presente, reconociendo su dinamismo y su activismo.
Resaltó que el General es un emblema del país y que la más reciente ofensiva imperialista contra su figura y contra la economía cubana demuestra, por oposición, la certeza de su gestión.

El conversatorio, que contó además con la sistematización histórica de Fernando Manzo Alonso, presidente de la Unión de Historiadores en el territorio, dejó claro que la figura de Raúl Castro Ruz está grabada a fuego en el gentilicio agramontino. Es un vínculo que va más allá de la coyuntura o la política partidista; es un vínculo de pueblo, construido en cada inauguración de escuela, en cada diálogo en las fábricas y en cada detalle, por mínimo que parezca, que refleja la grandeza de un hombre.
Como se afirmó en la cita, defender a Raúl hoy es defender la verdad histórica y la capacidad del cubano para crecerse hasta la altura de cada reto. Los periodistas camagüeyanos, que fueron testigos privilegiados de su andar, se han convertido hoy en cronistas de su grandeza, para que esas historias inspiren a las nuevas generaciones.
