CAMAGÜEY.- Desde Jamaica la balandra Maryland trajo clandestino a un oficial bolivariano. Desembarcó por Sabanalamar, cerca la boca del río San Pedro, donde no tocan fondo las barcazas, y llegó entre sombras a Puerto Príncipe. Aquí había nacido con doble sangre de Agüero en 1793, con apellidos trastocados para camuflar ser hijo espurio de un regidor y su prima, criolla mestiza. Rebelde aquí cuando lo de Aponte, cuando las tropas realistas campeaban en las calles, en Nuevitas, entre las conspiraciones de la Cadena Triangular y la francmasonería de la Logia San Juan y en La Habana, entre el liberalismo contra el absolutismo: así Frasquito de Agüero Velasco trascendió, emigró y luchó hasta ser delatado y sin arrepentimiento padeció en el patíbulo el 16 de marzo de 1826.
Doscientos años nos separan de este camagüeyano precursor de la independencia, tenido a menos por la historiografía cubana al extremo de aun relegado en la mal llamada “historia local” ni siquiera se le conoce tanto en su tierra.
La red familiar endogámica le permitió codearse con las capas altas de su época, de corriente de ilustración antifeudal, anticlerical y libertaria, sin olvidar su origen criollo y bastardía proveniente de un representante del poder, Pablo Antonio Betancourt de Agüero, con Josefa Velasco de Agüero. Del secreto conspirativo como “cadenario” tuvo que emigrar a Estados Unidos, donde en Filadelfia recularon en 1823 Gaspar Betancourt Cisneros “El Lugareño, otros camagüeyanos y trinitarios con manos vacías después de pedir auxilio a Simón Bolívar. Dos años después el joven Frasquito, cargado con más ideas, se fue a la Gran Colombia, entre la escuadra y el compás de la Logia Arcana Globa de Mara, Orden Chimborajana y Círculo de la Esfera.
Frasquito no solo aunó el pensamiento independentista desde norte y Sudamérica y el Caribe, sino que también consideró a los esclavos parte intrínseca de la posible emancipación y con la bandera de los Soles y Rayos de Bolívar redactó también compuso un cántico nacionalista ¿Un himno cubano? Así lo tituló ¡A las armas cubanos, vuestros brazos patria os conquisten, libertad y honor!/ ¡Gloria al que estreche de hermandad los brazos!/ ¡Muerte y oprobio al bárbaro opresor!/ ¡Oh Cuba! ¿en tus oídos el huracán no zumba? ¿El viento no retumba clamando libertad? (…)
Quien muere por la patria/ vivió cuanto debía/ la vida dura un día/ la gloria es inmortal
EL SACRIFICIO
En Jamaica, de Kingston a Montego Bay, contactó a Andrés Manuel Sánchez, su acompañante hasta el final, aunque no tan fiel como se le consideró por muchos años. Gracia a los contactos entre la oficialidad haitiana fiel a Bolívar pretendió ingresar a Cuba, fomentar un levantamiento para recabar apoyo desde la Gran Colombia. Ese fue el objetivo desde el desembarco el 11 de enero de 1826 mediante la activación de una amplia red de ex conspiradores de la Cadena Triangular.
En la calle San Diego (hoy Martí), a escasos metros de la plaza, encontró refugio Frasquito, aunque pronto se mudó al ingenio San José de la Cuabas, propiedad de un sobrino. Andrés Sánchez se mantuvo como un enlace entre los diferentes informantes, pero ya la inteligencia española del Capitán General Dionisio Francisco Vives tenía informes de un posible pronunciamiento rebelde encomendado a cubanos emigrados. La comunicación a todos los alcaldes era vigilancia extrema sobre los extranjeros, también el teniente gobernador local, Sedano, sabía de buena mano lo que se gestaba, en tanto el crudelísmo Feliciano Carnesoltas, Alcalde Primero, pagaba las delaciones.
¿Cómo prenden a Frasquito? Una versión indica que Andrés Sánchez flaquea y escribe por perdón a su padrino, el Regidor Francisco Agramonte, incluso huye de esclavos implicados que intentan detenerlo por órdenes de Agüero. Un testimonio que encaja fue el aportado en 1926, cuando el senador Cabrera Hernández divulgó en el periódico El Camagüeyano que Carnesoltas prometió la libertad a dos esclavas para que le informaran de la finca y pagó por ellas 700 pesos. La confirmación como “agentes colombianos” alarmó aún más,
Fueron apresados en la noche del 19 de febrero. Sánchez intentaba salvarse, Frasquito era estoico. Tres días de juicio en la Audiencia y la condena fatal por traición y agentes. Se dice Agüero no quiso sacerdote en su celda ¿Sería la razón para no encontrar buen sepulcro en el Campo Santo?
La noche del 15 de marzo varios carpinteros al servicio de la justicia armaron la horca en la plaza y según aseguró Cabrera Hernández: “bajo el soberbio pedestal donde se alza la soberbia figura del inmortal Agramonte se ocultó el terreno que ocupó la horca donde inmolaron a Agüero y a Sánchez.” Casi al amanecer del 16 el verdugo y algunas autoridades penetraron en la capilla ardiente y de donde los extrajeron amarrados por los codos.
No hubo ceremonial, ni pausa, ni protesta, solo prisa para ahorcarlos antes de la salida del sol. Así amaneció el lugar con el tétrico espectáculo para la vecindad. De acuerdo a los publicado por la prensa local en el primer centenario, Carnesoltas pagó 34 pesos y cinco reales a los ejecutores y esperó la medalla de la fidelidad y otras bondades que le otorgaran. Como coincidencias de la historia un mismo monumento conserva dos enigmas: como con El Mayor, tampoco se conoce donde sepultaron al precursor.

PRIMER CENTENARIO
El martirio de Frasquito llegó al siglo de conmemoración justo con el ascenso del machadato. Todavía en 1926 el precio del azúcar permitía superávits engañosos que en un lustro colapsarían en crisis social, razón por la cual el ambiente de entonces propició un amplio movimiento de asociaciones con apoyo de la alcaldía.
Dada la condición masónica de Agüero, dos fraternidades hicieron solicitudes y abono de recursos para la colocación de una tarja de bronce en la antigua Plaza de Armas. Algunos miembros de la Respetable Logia Camagüey ocupaban altos cargos políticos, como el caso del baracoense Domingo de Para Rafo (propulsor de obras, acólito de Machado y polémico, como tantos, al punto de apodársele “Para un poco”), mientras otros, como los periodistas Rafael Valdés Jiménez (federativo del fútbol y futuro dueño-locutor de la emisora CMJI) y Alberto Morel se encargaron de hacer líneas en el periódico El Camagüeyano.
Por otra parte, de similar grupo fraternal, Juan Cabrera Hernández era el miembro del partido Conservador, Representante a la Cámara, y de la Logia Ignacio Agramonte (perteneciente entonces a la Gran Logia Oriental), quien hurgó en archivos y documentaciones hasta afirmar había comprobado en documentación el sitio exacto de la horca ¿Hasta dónde pudo ser certificada tal demostración documental? Él mismo presentó al Congreso una propuesta para decretar “día de recogimiento nacional” al 16 de marzo, sin aprobación final.
La tarja fue donada por la alcaldía, observable hoy en la base posterior al monumento, colocada el día del centenario por la Logia Ignacio Agramonte en peregrinación desde su entonces sede en la calle Cisneros. Otros asistentes al acto depositaron ofrendas y un coro de niños vestidos de blanco entonó un himno especialmente elaborado por Valdés Jiménez, con música del maestro Álvarez y la Banda Militar.
Hasta ese año se consideró también a Sánchez como un precursor, pero han aparecido bastantes documentos sobre su traición por arrepentimiento. Por eso, y tal vez en aras de la justicia histórica, la Universidad de Camagüey erigió otro modesto pedestal, casi en la confluencia con la calle Independencia, donde se rinde culto a un solo precursor: Frasquito Agüero Velasco.
