CAMAGÜEY.- Aún entre ensayos en su sede de la calle Lugareño número 128, en Camagüey, el director de Rumbatá, Wilmer Ferrán, tiene clara la brújula: el grupo atraviesa un momento de redefinición artística, expansión internacional y nuevas ambiciones discográficas. Entre ellas, una que resume el espíritu de esta etapa: lograr que su próximo álbum entre en la escucha de los Grammys.

 La reciente experiencia en México marcó un punto de inflexión. Aunque el viaje se vio interrumpido por la cancelación de tres de los cuatro conciertos previstos, el balance artístico y humano fue altamente positivo. “Los conciertos ya estaban llenos antes de que llegáramos”, recuerda Ferrán, subrayando el interés previo del público mexicano, que descubrió a Rumbatá a través de redes sociales.

 El único concierto realizado fue apenas una parte de una agenda más amplia que incluyó clases, intercambios culturales y la inauguración de una exposición vinculada a los tambores batá y los cantos yorubas. En ciudades como San Miguel de Allende, el grupo encontró un público diverso —no exclusivamente latino— que se acercó con curiosidad y respeto a las expresiones de la cultura cubana. “No siempre es la rumba agresiva, también hay una más tranquila que la gente disfruta y asimila”, explica.

Más allá del escenario, el diálogo con músicos y académicos mexicanos dejó una huella significativa. “México asimila tu cultura, pero también expone la suya”, señala Ferrán, destacando los intercambios con profesores universitarios y agrupaciones locales que incluso llegaron a fusionar sus sonoridades con las de Rumbatá.

De vuelta en Cuba, el director trabaja en una “nueva proyección” del grupo, justo cuando se cumplen tres décadas de trayectoria. La idea no es romper con la esencia, sino transformarla: diversificar formatos musicales, renovar el vestuario y dar mayor protagonismo al cuerpo de baile. “Quiero que los bailarines lleven un poco más el rol”, afirma, apostando por espectáculos más integrales donde se representen ciclos completos de la rumba y el universo de los orishas con mayor riqueza escénica.

En paralelo, avanza la producción del sexto disco de la agrupación, un proyecto que Ferrán define como “ambicioso”. Ya cuenta con siete temas grabados y una serie de colaboraciones que amplían el espectro sonoro del grupo. Entre ellas destaca la participación de Mikey Perfecto, quien grabó en Camagüey un tema de su autoría junto a Rumbatá, en el Estudio Caonao.

El fonograma también incluirá piezas del compositor santiaguero William Cobas —quien, según Ferrán, escribe “pensando en Rumbatá”—, así como colaboraciones con figuras como Elito Revé, el percusionista camagüeyano Alain García y el cantante Pepito Gómez, desde Estados Unidos. A esto se suma una incursión en el latin jazz con una propuesta minimalista: piano y quinto.

A pesar de no contar aún con disquera, la estrategia es clara: trabajar sin apuros para lograr un producto sólido y bien posicionado. “Queremos ver cómo colocar este disco en la escucha de los Grammys. Se hace muy difícil, pero estas nuevas colaboraciones abren horizontes”, afirma.

 Mientras tanto, la agrupación mantiene una intensa vida artística en su ciudad. Rumbatá invita a su público este sábado a un concierto en la Plaza del Gallo a las 6:30 p.m., mientras que el domingo continuará con su peña en el Centro Cultural Casino, de 4:00 p.m. a 10:00 p.m., un espacio que se consolida como punto de encuentro para los seguidores de la agrupación en Camagüey.

 A 30 años de su fundación, Rumbatá no mira atrás con nostalgia, sino hacia adelante con intención. Entre la raíz y la reinvención, el grupo afina su próximo paso, con la mirada puesta —como dice su director— en escenarios cada vez más amplios.