CAMAGÜEY.- A Lilivet Peña Echemendía la conocí en las aulas del preuniversitario. Después la vida la llevó a estudiar Medicina, mientras la pintura continuó siendo una vocación irrenunciable. En las galerías del periódico Adelante compartimos dos momentos importantes de su trayectoria artística: las exposiciones personales Confesiones (2011) y Rapsodias (2020). Su obra también ha llegado a colecciones privadas en Italia, India, Estados Unidos, México y España.
Ahora nos reencontramos para conversar sobre una nueva etapa de su creación. La muestra Entre sueños y letras, abierta en la Biblioteca Provincial Julio Antonio Mella y con una reinauguración prevista para el 19 de julio, reúne las ilustraciones de varios libros infantiles publicados por la Editorial Raíces, de Puerto Rico: El camino de las diez lunas, de Lara I. López de Jesús; El sueño de Sebastián y Luna musical, de Mayra Leticia Ortiz Padua; y Los cinco sueños de Bela, de Beatriz Quiñones Vallejo.

Pero este reencuentro tenía, además, otro motivo: conocer cómo la maternidad ha transformado la vida de esta médica, pintora, ilustradora y escritora que hoy encuentra en los libros para niños un espacio natural para su sensibilidad.
—Regresas al espacio galerístico con una exposición dedicada a la ilustración, una faceta de tu trabajo que muchas personas aún desconocen. ¿Cómo comenzó ese camino?
—Llevo alrededor de cuatro años dedicada a la ilustración. Todo comenzó un buen día, cuando promocionaba mis obras en las redes sociales y la directora de una editorial extranjera se interesó por mi trabajo. Así nació el primer libro que ilustré, El sueño de Sebastián. Curiosamente, aunque fue el primero en realizarse, terminó siendo el último de esa serie en publicarse.
“Después llegaron otros proyectos. Decidí hacer esta exposición porque en Cuba no es frecuente mostrar el arte de la ilustración. Generalmente vemos las imágenes impresas en los libros, pero desconocemos quién está detrás de ellas y todo el proceso creativo y editorial que implican. Me interesaba revelar esa parte del trabajo.
“La muestra ya estuvo durante un mes en la Galería Belkis Ayón, del Centro Experimental de las Artes Visuales José Antonio Díaz Peláez, en La Habana. Agradezco mucho esa oportunidad, pero siempre pensé en traerla también a Camagüey y, si Dios lo permite, más adelante a Sancti Spíritus.”

—Hasta ahora has ilustrado exclusivamente libros infantiles. ¿Es una elección consciente?
—Sí. Es la especialidad en la que estoy trabajando. No significa que no pueda ilustrar libros para adultos, pero siento una atracción muy especial por la literatura infantil y hasta ahora es donde mejor me he desarrollado.

—Quienes conocen tu pintura recuerdan personajes cercanos al universo de la infancia, como arlequines o figuras de fantasía. ¿Existe un vínculo entre aquella obra y la ilustración?
—Mi pintura siempre estuvo muy influenciada por la literatura infantil soviética y eso quedó arraigado en mi manera de crear. Además, por mi propia personalidad siento afinidad por la inocencia y la ingenuidad, aunque siempre intento que esa aparente sencillez tenga profundidad.
“Los libros presentes en esta exposición hablan de superación, empatía, apoyo y crecimiento. Son historias dirigidas a los niños, pero transmiten valores que también acompañan a los adultos.”

—Cuando pintas eres completamente libre. En la ilustración, en cambio, debes interpretar la historia escrita por otra persona. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre tu creatividad y el respeto al texto?
—Intento establecer un paralelo entre mis propias vivencias y aquello que el escritor desea narrar. Busco que exista intimidad, que el niño pueda sentirse identificado con la historia.
“Dentro de ese margen creativo trato de reflejar lo mejor posible todo lo que el autor depositó en su obra. Además, existe un proceso de evaluación: realizo una propuesta visual, la presento al escritor y, cuando este se siente identificado con ella, paso a perfeccionar las ilustraciones hasta alcanzar el acabado editorial.”

—¿Qué técnicas empleas en estas ilustraciones?
—La mayoría de las obras de la exposición fueron realizadas con técnicas tradicionales: tempera sobre cartulina. Posteriormente un diseñador gráfico las digitalizó respetando al máximo el original.
“Hay tres ilustraciones que pertenecen a un cuento mío publicado en el volumen Un cocodrilo sueña. Mi intención es convertir esa historia en un álbum ilustrado.
Solo un libro fue realizado completamente de manera digital: Los cinco sueños de Bela. También hice íntegramente en computadora las ilustraciones de Lucas, el niño y la Luna. En cambio, El camino de las diez lunas y Luna musical nacieron con técnicas tradicionales antes de ser digitalizados.”

—También has comenzado a escribir.
—Ya tengo terminados dos cuentos con sus respectivas ilustraciones. Si finalmente no los autopublico, la editorial me ha ofrecido la posibilidad de publicar al menos uno de ellos. Es un proyecto que todavía está en desarrollo. En Un cocodrilo sueña también aparece un poema mío, pero fundamentalmente escribo narrativa.
“La exposición tiene además un valor especial para los lectores cubanos, porque acerca libros infantiles de gran calidad editorial que normalmente no llegan al país. Ese es uno de mis mayores deseos. Estoy esperando que me hagan llegar ejemplares para donarlos a la Biblioteca Provincial, de manera que los niños puedan leerlos y disfrutarlos.”
—Durante muchos años conocimos a la médica y a la pintora. Hoy quisiera preguntarte por otra experiencia decisiva: la maternidad.
—No estoy ejerciendo la Medicina por problemas de salud, pero la maternidad ha sido una bendición del Señor. Es el regalo más hermoso que he recibido en la vida. Bueno, lo más importante fue conocer al Señor Jesucristo y, como consecuencia de esa transformación, llegó mi hijo.
“La maternidad tiene momentos difíciles. Cuando un niño se enferma una siente que se derrumba; si no come, una se preocupa; si desordena toda la casa también... Pero, cuando pasa todo eso, descubres que cada etapa es maravillosa. Tener un hijo, que es herencia de Dios, ha sido una experiencia profundamente feliz. Ya tiene dos años y medio.”
—¿Cómo reacciona ante los libros y las ilustraciones de su mamá?
—Creo que va a ser un buen lector. Le encantan los libros. Últimamente me pide mucho Pinocho. Le gusta que le cuenten las historias y participa en ellas, casi como si las estuviera narrando conmigo.
“Todavía no le dejo manipular todos mis libros porque algunos ya han sufrido las consecuencias de su entusiasmo, pero aprenderá a cuidarlos. Lo importante es que veo en él un interés muy natural por la literatura y por las artes.”

—La exposición tendrá una reinauguración el próximo 19 de julio. ¿Qué encontrará el público ese día?
—Queremos presentar los libros físicamente y, si es posible, realizar un videochat o compartir mensajes de sus autores para que expliquen cómo surgieron las historias y cuál fue su proceso creativo.
“Ahora los visitantes solo cuentan con un breve texto junto a cada obra, pero me gustaría que conocieran mejor el origen de cada libro y la experiencia editorial. También pienso dejar el enlace para que quienes tengan la posibilidad puedan acceder a ellos.”
Porque, al final, Entre sueños y letras no solo exhibe ilustraciones: invita a descubrir los libros que les dieron origen y el diálogo silencioso entre escritores e ilustradores que hace posible que una historia encuentre también su lenguaje en las imágenes.
