América Latina, el Caribe y el mundo constatan ahora mismo, al precio más alto, el valor de las denuncias previas de varios gobiernos y pueblos sobre la voracidad del Norte, hoy más revuelto y brutal que en los tiempos de Martí: Estados Unidos no solo agredió directamente zonas de Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, sino que, haciendo valer su condición de forajido internacional, secuestró al presidente legítimo, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, quienes de momento han pasado a integrar la lista infinita de “desaparecidos” bajo crédito imperial.