En la peña de Jesús Aismar Zamora en la librería Ateneo faltaba una voz. El cantautor Antonio Batista había enfermado, pero Zamora abrió uno de esos planes B que guarda como quien lleva fósforos en el bolsillo: llamó a la actriz Reina Ayala, y ella apareció con Gertrudis Gómez de Avellaneda entre las manos.