Lo cierto es que por más campañas en su contra, lejos de extinguirse, este ejemplar se ha transformado en un mar, el peor de todos, pues en vez de rodearnos nos inunda desde adentro, como escribió una vez el amigo Enrique Milanés en su blog, el marabú se ha convertido en el “Mar Abú”.
Con más de un millón 48 mil hectáreas cultivables, Camagüey, el territorio más extenso de la isla, no escapa a la plaga. De hecho, según un informe de la delegación provincial de la Agricultura, tenemos más de 309 mil hectáreas ociosas, de ellas con marabú: ¡247 659! Sí, el espinoso africano representa el 80 de las tierras ociosas y la mitad de las no explotadas.
Las grandes pérdidas en la ganadería, la agricultura y el fomento forestal constituyen razones de sobra para procurar el exterminio de esta leguminosa pues, aunque sirve para la obtener carbón vegetal y muebles y preserva el suelo, los costos de su existencia superan los beneficios.
Pero la falta de recursos y de disciplina laboral retrasan la extinción. Verdad de perogrullo es que el humano es la principal riqueza de cualquier empresa, por tanto, el conocimiento y la laboriosidad se convierten sin dudas en la mejor arma. Hasta para pedir la cantidad de líquido o emplear la maquinaria adecuada hay que saber, primero que nada, las características del área y el grado de infestación, para seleccionar los métodos más efectivos para la eliminación, por supuesto, acorde a los medios, los productos y la fuerza de trabajo disponibles.
Varias de las causas que provocan el incremento del marabú dependen de la sapiencia, como lo demuestran las unidades donde no se cuarentenan los parajes infestados de los libres, y así los animales trasladan las semillas de un lugar a otro. No se comienza el control del potrero por el nivel de propagación más bajo, ni se combaten las plantas que aparecen en zonas limpias, con inmediatez y sistematicidad, algo a veces muy relacionado con la falta de identificación del vaquero con otras problemáticas distinta al ordeño. Y en no pocos sitios el desconocimiento de los productores sobre las características fisiológicas y fenológicas de estas plantas les mella el éxito.
Por eso he aquí algunos secretos y consejos para eliminar la peor oleada que nos azota, la del “Mar Abú”.
¿Qué es lo peor que se puede hacer para la reproducción del arbusto? Chapearlo y dejarlo abandonado, porque en las áreas infestadas la propagación ocurre, sobre todo, por las raíces, las cuales enseguida retoñan donde quiera que se expongan al sol o se le practique el corte más insignificante.
No obstante, las semillas son el mayor medio de reproducción. Aunque el grado de germinación es muy pobre, alrededor del 3%, y las plantas nacidas por semillas crecen más lento que las brotadas de las raíces, la mayoría de los nacimientos se dan a través de las vainas consumidas por el ganado, que aumenta las posibilidades de germinación.
Controlar la producción de semillas es vital. El marabú empieza a florecer en abril y su período de floración dura toda la primavera y el verano, en otoño desarrolla los frutos y que se secan en invierno. Por eso octubre es el mes más efectivo, pues se elimina el 100 % de las semillas con un solo corte al año, y así se rompe el ciclo reproductivo por más de 12 meses.
Para combatir el marabú existen varios métodos: los mecánicos, que incluye la chapea manual y el apile, la chapea mecanizada, el buldoceo, el uso de la vanguardia y el rolo, y de las moto sierras; los biológicos, con el pastoreo de ganado caprino, ovino y vacuno; el físico donde resalta la quema; y los químicos, cuyos exponentes más comunes son el uso del petróleo, de herbicidas hormonales y del Potrerón.
Aunque cada táctica es efectiva, la combinación de dos o más, como mínimo, garantiza los mejores resultados.
La aplicación incorrecta de algunas de estas maneras acarrea decepción y pérdidas económicas considerables. Quizás el ejemplo más común sea la chapea. Esta debe hacerse en los lugares menos “contaminados”, y de no contarse con herbicidas se deben realizar cuatro chapeas al año, como mínimo, y a la altura de 15 a 20 centímetros. Después de apilar los tallos, se procede con la quema entre los dos y cinco días posteriores. De no poseer los recursos y la fuerza de trabajo necesarios, y solo se pueda practicar una sola chapea en el año, debe ser en octubre o los primeros días de noviembre.
El mismo número de veces y fechas del año empleadas en la chapea manual se deben aplicar en la mecanizada, aunque esta se usa para las áreas de mayor infestación y densidad. La influencia de la fase lunar en el control del marabú es un mito lamentablemente difundido para la aplicación de las dos formas de chapea, pero no existe evidencia alguna de su efectividad.
Uno de los procederes más ejecutados, sobre todo, por usufructuarios es el buldoceo, debido a su utilidad en los campos más “virulentos” en cuanto a la densidad, tamaño y grosor de las plantas. Para hacerlo del modo adecuado hay que evitar que la cuchilla pase a ras del suelo, para que no se pierdan propiedades agroproductivas, y el desbroce debe hacerse por franjas no muy anchas que permitan acordonar el marabú en hileras no muy altas para facilitar las labores.
El buldoceo siempre debe verse como una variante extrema por los daños que provoca al suelo, por eso hay que dar mantenimiento y de inmediato poner en producción la tierra.
La vanguardia y el rolo superan al buldoceo porque no deterioran el suelo, pero hay que realizarle varias labores de mantenimiento como la quema para luego preparar la siembra, o después del uso de estos implementos hay que aplicar de inmediato herbicida con una asperjadora, para que la planta absorba el líquido por las partiduras antes de segregar su resina protectora. De no existir este manejo el trabajo tendrá un efecto multiplicador de la infestación. Las moto sierras solo deben emplearse en plantas de gran porte y varios años de edad.
El control biológico que realizan los rumiantes es muy útil cuando existen cercas vivas, abejas o cultivos sensibles a los herbicidas. La premisa de este procedimiento es la chapea previa a una altura mínima de 20 centímetros, para evitar el incremento de la densidad del marabú que ocurre con alturas inferiores a los 20 cm.
La quema sin dudas es el método más abusado. Hay hasta quien reniega de su efectividad pues ha visto como después de su empleo empeora la situación del campo. Casi siempre estos efectos negativos suceden por ignorar que febrero y marzo son los meses más recomendables, debido a que entonces hay mayor material combustible en el monte haciendo el fuego más fuerte. Así se logran los objetivos y que el marabú rebrote al final de la seca y principio de la primavera y sirva de alimento de un alto valor proteico para el ganado. Resulta vital la realización de la quema en suelos fértiles, nunca en los degradados, pues empeora su situación y no logra los objetivos.
El petróleo y sus mezclas deben usarse en las plantas cortadas a la menor altura posible, y hay que mojar el tocón desde el corte hasta el cuello de la raíz y el tallo. Las aplicaciones en las hojas de este producto no tiene efectividad alguna.
Los hormonales no matan del todo a la planta, por eso se precisan hasta cuatro nuevas aplicaciones de los herbicidas, lo cual no resulta posible en ocasiones por el suelo no disponer de la humedad requerida.
El Potrerón se puede aplicar una sola vez con efectividad total, para ello se requiere humedad en el suelo, cuando las malezas están creciendo y no se debe utilizar en las plantas marchitas, en floración o en lugares inundados. Después de su aplicación se recomienda esperar 10 días para introducir el ganado.
Luego del empleo de cualquier método el cuarentenario es imprescindible y debe mantenerse siempre. Nunca debe permitirse la entrada de animales procedentes de áreas infectadas sin pasar unos cuatro días en el cuartón de cuarentena.
En los últimos tiempos en el país y en la provincia se han hecho esfuerzos contra el marabú. No obstante, al observar fincas, los contornos de líneas ferroviarias o de las carreteras, se percibe lo insuficiente que resultan estas acciones. Es incuestionable la urgencia para perfeccionar el enfrentamiento a esta planta, no solo para quizás entrar en el libro de Récord Guinness como el primer en pueblo en secar un mar, sino porque de quitarnos de adentro el “Mar Abú” estaríamos también salvándonos de la peor plaga que ha conocido Cuba.
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