Una vez organizado el grupo de jóvenes, como explicamos en artículo titulado Nuevo camino de lucha, se decidió dar un primer paso con el ataque al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, la segunda fortaleza militar de la tiranía de Fulgencio Batista, y a similar instalación, el Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.
La conquista de estas fortalezas militares, según la estrategia de Fidel, posibilitaría armar al pueblo, ocupar ambas ciudades, dar a conocer a la nación el programa revolucionario, convocar a los trabajadores del país a la huelga general y desatar un movimiento popular e insurreccional capaz de provocar el desplome del régimen. Si esta acción fracasaba, los revolucionarios se internarían en las montañas para desplegar la guerra de guerrillas.
En más de una oportunidad el Máximo Líder de la Revolución ha señalado que el golpe de Estado perpetrado por Batista el 10 de marzo de 1952, impuso la necesidad de asumir el camino de la lucha armada, ya que por la vía constitucional esto sería imposible.
(...)Tenía dos variantes – puntualizó Fidel - una, tratar de provocar un levantamiento nacional para el derrocamiento de Batista. Caso que no lograse el levantamiento nacional, o en el caso de que Batista pudiera reaccionar con fuerzas superiores y atacarnos aquí en Santiago de Cuba, la idea nuestra era, con las armas del Cuartel Moncada, marchar a las montañas y librar la guerra irregular en las montañas. Fue exactamente lo que hicimos tres años después. La estrategia que elaboramos para el Moncada fue la misma que nos condujo después a la victoria, sólo que en la segunda ocasión no comenzamos por el Moncada, sino comenzamos por la Sierra. Hicimos la guerra en la Sierra, y al final liquidamos a Batista con esa misma estrategia en esencia(...)
En sus disímiles reflexiones del Comandante en Jefe ha puntualizado que de haberse tomado el Moncada y ocupado las armas, se habría liquidado a Batista, pero (...) el imperialismo nos habría aplastado; porque entre 1953 y 1959 se produjo en el mundo un cambio en la correlación de fuerzas muy importante (...) seis años más tarde era el momento preciso, muy ajustado, en que un cambio en la correlación de fuerzas del mundo nos permitía a nosotros sobrevivir. Tal vez en 1953 no habríamos sobrevivido, si hubiésemos triunfado (...)
El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, aunque fue en lo militar un duro revés, y no logró sus objetivos inmediatos, tuvo una gran trascendencia para toda la lucha posterior; sirvió de antecedente y experiencia para organizar la expedición del Granma, para la lucha en la Sierra y en el llano, obligando a la tiranía a despojarse de su ropaje mostrándose tal y como era: un aparato capaz de recurrir a los crímenes, pero algo muy importante, destacó a Fidel como el líder indiscutible de la Revolución que comenzaba y que llega hasta nuestros días, 53 años después, como el guía invicto del pueblo de Cuba.
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