El 11 de mayo de 1873, en un encuentro con el enemigo en la zona del Potrero de Jimaguayú, Agramonte -El Mayor - perdió la vida. Al enterarse de su muerte, Máximo Gómez, con el lenguaje directo usado en su Diario de Campaña, dejó anotado: "Perdió Cuba uno de sus más esforzados hijos y el Ejército uno de sus más entendidos y valientes soldados".
Lo que quedaba expresado de manera tan sintética, dadas las caracterÃsticas del documento, resumÃa la grandeza de un hombre que se habÃa incorporado a la gesta revolucionaria en noviembre de 1868 teniendo muy claro el concepto que para lograr la necesaria independencia, los cubanos deberÃan arrancársela a España con el filo del machete.
Ignacio Agramonte y Loynaz fue uno de los artÃfices de la Constitución -liberal y mambisa- que se redactó en Guáimaro en 1869. Carlos Manuel de Céspedes, el presidente de aquella República en Armas, lo nombró el 26 de abril General del Ejército Libertador. Por sus méritos ocupó la jefatura del Tercer Cuerpo del Ejército que operó entre Camagüey y Las Tunas.
En 1872 asumió el mando de las fuerzas insurrectas en Las Villas y mantiene a esta provincia al margen de los regionalismos y caudillismos, que tanto daño hicieron a la contienda del 68.
Su afirmación imperativa de que delante de él nadie podÃa hablar mal del Presidente Carlos Manuel de Céspedes, cuando las oposiciones se hacÃan evidentes, lo distinguieron por su fidelidad al gobierno legalmente constituido, más allá de sus propias ideas, concepciones y discrepancias.
Capaz e inteligente, evaluó que la insurrección serÃa prolongada, por lo cual diseñó para el combate, maniobras en consecuencias. Desgastar las tropas enemigas mediante ataques sorpresas a sus columnas en movimientos o en operaciones, y asaltar las pequeñas guarniciones donde permanecÃan. Toda una estrategia para la guerra de guerrillas.
Organizó la caballerÃa camagüeyana que tantas derrotas les propinaron a las tropas españolas. Con esa fuerza montada protagonizó, el ocho de octubre de 1871, una de las hazañas más relevantes de la Guerra del 68, el rescate del brigadier Julio Sanguily, un hecho de armas que avivó los ánimos de los combatientes y despertó admiración hasta en los militares peninsulares.
El Mayor tuvo a su lado a grandes compañeros de batallas, entre ellos a su primo,el médico Eduardo Agramonte, autor de los toques de corneta mambisa, y al norteamericano Henry Reeve, conocido por El Inglesito, con quien compartió armas en la batalla de El Cocal, el siete de mayo de 1873.
Cuatro dÃas después, con los lauros de sus triunfos por las derrotas asestadas a las tropas colonialistas, el genio de la guerra en Camagüey cayó abatido en la espesura cerca del arroyo Basulto, en Jimaguayú.
Agramonte tuvo dos grandes amores, el que profesó a su paÃs, y el que depositó en Amalia Simoni. La amó, como dijera MartÃ, con alma de beso. Con ella tuvo dos hijos, Ernesto y Herminia, a quien no pudo conocer.
El nueve de junio de 1869 en la carta que desde RÃo Seco, en plena campaña insurrecta, le escribiera Ignacio a su Amalia, este le requiere cariñoso: "Estoy formando un escuadrón de caballerÃa que dejará atrás a la caballerÃa española. ¿Quieres que le reserve el puesto de cabo primero al mambisito?"
Fue ese extraordinario patriotismo, manifestado a cada paso y en cada momento de su existencia, el rasgo de carácter moral que Máximo Gómez encontró y distinguió en El Mayor. Esa condición inspiradora del héroe camagüeyano fue la razón que llevó al dominicano a pensar que, a pesar de la muerte, la Revolución, en aquella parte de la isla, estaba asegurada.
{flike} {plusone} {ttweet}





