Concebida a partir de los siglos XVI y XVII, la trama urbana de la cuarta villa fundada en la Isla por los colonizadores españoles fue diseñada para un tránsito vehicular de carruajes y otros medios de la época, y aunque el paso del tiempo llevó a necesarias actualizaciones, su antigüedad requiere de regulaciones para su conservación.
A pesar de que las normas están bien establecidas por planes de manejo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC), en consonancia con tendencias mundiales, son muchas las infracciones que en el terreno vial se cometen dentro de la zona declarada, y atentan contra su preservación.
Vehículos de gran porte accediendo a cualquier hora a arterias por donde se prohíbe su circulación o se limita en determinados horarios, ómnibus de turismo mal estacionados, ciclos o bicitaxis que circulan en sentido contrario o invaden, como carros también paseos peatonales, son algunas de las contravenciones más frecuentes.
Todo ello, unido a otras manifestaciones de indisciplina social que proliferan en el área de tal entorno, da una idea innecesaria de caos en una urbe que se precia y enorgullece de la cultura de sus habitantes, quienes todavía deben ganar mayor conciencia sobre el privilegio que supone una condición patrimonial.
En sus regulaciones urbanas, la OHCC establece cuidadosamente cómo realizar el tránsito vehicular por el área de una manera organizada y menos invasiva, puesto que no se puede eliminar por completo como en otros dominios patrimoniales del mundo.
Al confluir en el centro de Camagüey alrededor del 70 por ciento del tráfico citadino, una de las soluciones recogidas en los marcos regulatorios es la de sacar las rutas de los medios más pesados hacia ejes circunvalantes.
Así, la entrada de camiones u otros carros de gran porte solo se permite entre las seis de la tarde y las seis de la mañana para la carga o descarga de mercancías, limpieza de las calles, recogida de desechos y abastecimiento de los servicios de agua, electricidad y gas licuado.
Esa normativa se viola constantemente, y conlleva a agresiones marcadas al patrimonio edificado, pues las vibraciones, el humo, el ruido, y la contaminación ambiental dañan elementos arquitectónicos de edificios, a veces con cientos de años de existencia, y que forman parte de los valores históricos de la oriental localidad.
Resulta a su vez un inconveniente la escasa disponibilidad de parqueos, situación que debería aliviarse si se cumpliera la indicación de que cada nueva inversión incluya una solución para el estacionamiento, y la medida de que se vayan trasladando a otros sitios las instituciones administrativas.
Con todo el desarrollo económico, cultural, turístico y social que supone, la condición de Patrimonio no es irreversible.
Por ello, un mayor sentido de pertenencia de quienes habitan esta ciudad, junto a un accionar más consecuente de las autoridades, aún deficientes en el cumplimiento de sus funciones, son claves para preservar esos valores que la hacen única e irrepetible por derecho propio y tradición.
http://youtu.be/e6xlAkhZ-Ms
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