El Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica acaba de declarar “emergencia nacional” en su país por constituir Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior”.
Si esta Orden Ejecutiva no permitiera al Presidente ir más allá de lo que hubiera acordado el Congreso a la hora de dictar sanciones contra un país, la declaración de que Venezuela constituye una “amenaza a la seguridad nacional” pondría en ridículo a Obama o movería a risa, pero tal facultad en manos del mandatario significa un peligro inminente y de incalculable magnitud para la nación y el pueblo bolivariano y es necesario tomarla muy en serio, porque casi siempre preceden a acciones militares u operaciones encubiertas de la CIA.
Esto ha hecho el Gobierno cubano, el que en una declaración califica de “arbitraria y agresiva” la decisión del Presidente estadounidense y se pregunta: “ ¿Cómo amenaza Venezuela a Estados Unidos? A miles de kilómetros de distancia, sin armas estratégicas y sin emplear recursos ni funcionarios para conspirar contra el orden constitucional estadounidense, la declaración suena poco creíble y desnuda los fines de quienes la hacen”.
Según Obama, la situación de los Derechos Humanos y la corrupción imperante en el país justifican su decisión y aboga por la liberación de todos los presos políticos, y a los familiares de los 43 chavistas que murieron durante las “guarimbas” del pasado año instigadas por tales presos, ni los menciona, como tampoco hace alusión a la guerra económica desatada y arreciada desde que Nicolás Maduro fuera elegido como presidente, y que causa las penurias y escaseces artificiales que hoy padece el pueblo venezolano.
Pero lo que todo el mundo sabe, es que el brusco escalonamiento en la “guerra suave” que se viene librando contra el pueblo bolivariano por la derecha interna cada vez más envalentonada y las autoridades norteamericana y su ultraderecha más reaccionaria, no responde a otra motivación que a la firme respuesta dada por el Gobierno venezolano a cada una de las sanciones y medidas agresivas estadounidenses a las cuales ha respondido golpe por golpe como ocurrió últimamente al reducir al limite el personal de su embajada en Washington, ante el de Estados Unidos en la nación chavista.
Ya el presidente Nicolás Maduro, en uso de las prerrogativas constitucionales pidió a la Asamblea Nacional una Ley Habilitante que lo faculte a emitir decretos con carácter de ley para hacerle frente a la embestida imperialista y defender la integridad del país, los cuales ante la amenaza latiente, seguramente le serán concedidos.
Si el Líder Histórico de la Revolución cubana lo felicitó por su valiente alocución al dar a conocer el nuevo zarpazo de las autoridades estadounidenses contra su país, podría hacerlo ahora también después del vibrante y patriótico discurso de Maduro ante los asambleístas, que la bancada chavista aplaudió delirantemente, mientras el público asistente, en la platea del hemiciclo, gritó incesantemente consignas revolucionarias.
De la ola solidaria que hablé en los inicios, su altitud se multiplica en la medida en que el mundo conoce tal arbitrariedad y junto a los pueblos, las organizaciones integracionistas regionales rechazan enérgicamente las infundadas acusaciones y sanciones contra Venezuela y declaran su apoyo inquebrantable a la irreductible patria de Chávez que está en pie de lucha en defensa de su soberanía, su independencia y la paz.
Y como reitera la declaración del Gobierno cubano “¡Venezuela no está sola!”.
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