El ente integracionista, nacido en 2004 en la capital cubana, ha contado con la voluntad política de los gobiernos de sus naciones, los cuales se han centrado en la  distribución más equitativa del ingreso de cada país.

Este domingo se celebra en La Habana la XIII Cumbre de La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), plataforma de integración que ha cosechado importantes éxitos sociales.

Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente y Las Granadinas, Antigua y Barbuda y Santa Lucía, han sabido redireccionar mejor las ganancias de sus rubros exportables, entre éstos, el petróleo y los alimentos, e invertir en lo social.

Sin contar los beneficios que globalmente en salud  recibieron los Estados miembros  del mecanismo integracionista, el resto de América Latina también se ha favorecido de su accionar y ello resulta ostensible en un asunto tan sensible como los padecimientos visuales.

SALUD

En América Latina cerca de 12 millones de personas padecían algún grado de ceguera o afectación visual, con todo lo que ello influye en la calidad de vida.

La mayoría no tenía esperanza de poder recuperar la visión algún día, en tanto las operaciones en los ojos cuestan alrededor de tres mil dólares, impagables para esos individuos.

Gracias a proyectos como la Operación Milagro, ideado por los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Fidel Castro, de Cuba, unos 3,4 millones de latinoamericanos y caribeños recuperaron la vista.

Su alcance se multiplicó pues mediante la acción conjunta de ambos países se ubicaron 80 instalaciones hospitalarias dedicadas a la cirugía oftálmica, en diferentes áreas del continente. 

La Operación Milagro se ha extendido tanto a naciones del ALBA  como a muchas que no pertenecen al mecanismo, de manera que los beneficios de ese ente de concertación  trascienden su marco geográfico.

En criterio de expertos como el doctor José Ángel Pérez, del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, en La Habana, y de otros economistas y publicaciones especializadas, ningún esquema de integración había logrado nunca antes algo similar en América Latina ni en ninguna otra región.

EDUCACIÓN

El programa de alfabetización cubano “Yo sí puedo”, puesto en práctica como parte de las acciones del ALBA, propició que 5,9 millones de personas fueran alfabetizadas en América Latina y el Caribe y  cerca de 10 millones se encuentran en proceso posterior de  consolidación y ampliación de su nivel.

La alfabetización, al igual que los programas de salud del ALBA-TCP, ha trascendido al propio mecanismo y muchas naciones del continente que no lo integran, han recibido este beneficio.

Desde 1961 Cuba está libre de analfabetismo, pero luego de la creación del ALBA lo logró Venezuela en 2005, Bolivia en 2008, Nicaragua en 2009 y Antigua y Barbuda más recientemente, éxitos que han sido certificados y alabados por la UNESCO.

Es cierto que lo alcanzado por las naciones del ente regional en salud y educación constituyen logros esencialmente políticos y sociales, pero nadie puede negar que lo son también en el terreno económico pues todos los medios materiales y la movilización de personal especializado que se emplean para llevar a vías de hecho los programas, precisan de un buen respaldo financiero.

No pocos expertos, y los propios dirigentes de los países integrantes del ALBA, han reconocido que de los cuatro mecanismos creados  por ésta como Petrocaribe, el Sucre, el Banco del ALBA y las empresas o proyectos grannacionales, los dos primeros han sido los más exitosos, lo cual no niega que los últimos dos no hayan despuntado.

RETOS

El problema que se presenta ante el ALBA-TCP, al de cumplir sus 10 años, pondrá a prueba su voluntad política de favorecimiento social, como el combate a la pobreza, los programas educacionales, de salud y otros.

Frente a la crisis económica global, las naciones del ente integracionista siguen manteniendo la misma matriz productiva que cuando se creó; no la han diversificado, basada en los productos primarios como los alimentos en bruto, el petróleo y el gas.

En opinión de expertos como Pérez, esos países están obligados a cambiar esa matriz de inmediato a fin de enfrentar los efectos de la crisis global, la cual se mantendrá hasta el 2060, según los vaticinios de los estudiosos;
el actual problema del bajón de los precios del petróleo afecta a los exportadores del ALBA-TCP como Venezuela y Bolivia, que exporta también gas, y a Ecuador, nación que además comercia con el exterior alimentos agrícolas.

Todos son productos primarios y estamos hablando de Estados con gran peso dentro del mecanismo.

Sin exceso de optimismo, podemos afirmar que el futuro  exitoso del ALBA-TCP está asegurado en tanto su basamento, encaminado a favorecer, como meta suprema, al ser humano, a los pueblos.

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