No por anunciada deja de ser impactante la victoria del primer Presidente indígena, que iniciará un tercer mandato (con victoria en ocho de los nueve departamentos) que lo consolida como uno de los gobiernos suramericanos más estables a partir de octubre del 2005, en que obtuviera la primera magistratura del Estado Plurinacional de Bolivia.
Líder carismático, con fuertes raíces nativas, profundo conocedor del pensamiento de su pueblo, pegado a la pacha mama como la única proveedora de riquezas, con firmeza e inteligencia ha transformado al país en estos ocho años de gobierno, de uno de los más pobres y oprimidos del continente, en uno de los más prósperos, cumpliendo su promesa de estabilidad e inclusión sindical, indígena y reforma agraria, que equivale al rescate de las riquezas y la dignidad nacional.
Bolivia está viviendo una etapa de bonanza económica nunca vista con un crecimiento anual de un 5 % de su producto interno bruto, que fue elevándose a partir de la nacionalización de la explotación de los hidrocarburos y que se consolida con un importante despegue de la minería y la exportación de voluminosas producciones agrícolas, como la soja.
Con una economía mixta donde la mayor presencia es del Estado, Evo tiene la virtud y sabiduría de acercar posiciones con el sector privado, negociando, sobre todo con la zona industrial del departamento de Santa Cruz, (donde superó ampliamente en la votación a su rival derechista) y que constituyó inicialmente uno de los bastiones de los más férreos opositores, cuna de conspiraciones, pero que al constatar los empresarios que sus negocios prosperan, han optado por sumarse al pujante desarrollo boliviano.
Reducción de la pobreza en más de un 20 %, importantes planes educacionales (el país libre de analfabetos), y de salud, inversiones en infraestructuras, modernización del país, con la economía en más rápida expansión en Suramérica, y desarrollo de ambiciosos planes exportables, como el de la energía con el uso del gas natural, del cual Bolivia es uno de los más importantes productores, se abren como perspectivas para este nuevo mandato, hasta el 2020.
Para ello, la nación cuenta después de este proceso eleccionario con Evo al frente, con Álvaro García Linera, como vicepresidente y también con mayoría en el Legislativo, con Poder Ejecutivo fuerte, capaz de conducir a los bolivianos por la senda de la prosperidad y la independencia política y sostenibilidad económica.
A pocas horas del triunfo, en gesto que lo enaltece, dedicó al líder histórico cubano, Fidel Castro y al Comandante Supremo venezolano, Hugo Chávez, y a los pueblos que luchan contra el imperialismo y el capitalismo en el mundo, la contundente victoria de los bolivianos.
Indiscutiblemente, que el hecho que Evo Morales haya ganado arrolladoramente las elecciones en Bolivia, fortalece la izquierda latinoamericana y el proceso integracionista que actualmente se está llevando a cabo en esta región, que el diferendo con Chile por su salida al mar no entorpece, y a pesar de los esfuerzos baldíos del imperialismo norteamericano por torpedearlo.
Triunfadora Bolivia, los ojos se vuelven ahora hacia el gigante brasileño que el 26 de octubre decidirá si Dilma Rousseff, continúa al frente de la nación para consolidar el esfuerzo transformador económico y social que se iniciara con los dos mandatos de Luiz Inacio Lula da Silva, o si se regresa a la senda del neoliberalismo, como propugna el candidato opositor de la social democracia.
Confiamos en el buen juicio del pueblo carioca y en la justa valoración de qué será lo más conveniente para el futuro de sus 200 millones de compatriotas.
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