- (Audio) Luis Carbonell declama Los quince de Florita, poema del camagüeyano Jorge González Allué
- (Video) Una vida dedicada al arte de la declamación
En su desempeño artístico tenía el don de desdoblarse en el montaje de voces y ofrecer un repertorio variado, con un gracejo personal sumamente atractivo. Igualmente cultivó sólidos conocimientos del trabajo con solistas, a quienes acompañó como pianista.
Al inicio de sus avatares artísticos solía declamar en fiestas familiares, hasta que, en 1943, fue invitado a participar en la emisora radial CMKC en un programa de aficionados, y llegó luego a ser director artístico de ese espacio. En Santiago de Cuba trabajó como profesor de inglés, pero dedicaba el resto del tiempo a la radio.
Alrededor de 1945 salió rumbo a Nueva York, y un año más tarde, en esa ciudad, se produjo su encuentro con Esther Borja a través de la cual conoció a Ernesto Lecuona y gracias a este actuó en la cadena NBC.
Su trayectoría fue muy fructífera como maestro, pianista, repertorista y arreglista. Dejó varios discos y placas, entre ellos el CD Mulata, Ñáñigo al cielo y otros poemas, grabado recientemente.
La cita de Luis Carbonell resulta imprescindible al hacer la historia de los cuartetos y otros grupos vocales. Debido a su trayectoria artística, dentro y fuera del país, fue merecedor de los más importantes premios del arte en Cuba.
En 1999, recibió la Réplica del Machete de Máximo Gómez como reconocimiento a su obra y en el 2003 le fue otorgado el Premio Nacional del Humor y el Premio Nacional de Música. También le fue otorgada la Orden Por la Cultura Nacional y la Distinción Raúl Gómez García, entre otros reconocimientos.
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