En el aniversario 114 del monumento a Ignacio Agramonte y a 29 años de creada la Oficina del Historiador, la institución celebra entre limitaciones económicas y nuevos modelos de gestión. Más que preservar fachadas, el desafío es sostener la cultura cívica que da sentido a la ciudad.

CAMAGÜEY.- Cada 24 de febrero la historia cubana se vuelve punto de partida. No es una fecha cualquiera: ese día de 1895 se reinició la guerra necesaria; y en Camagüey, además, la jornada enlaza símbolos y memorias en el corazón mismo de la ciudad.

Este martes confluyeron tres tiempos: el aniversario 114 de la develación del monumento ecuestre a Ignacio Agramonte en el parque homónimo; los 29 años de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey; y la certeza de que la historia es una responsabilidad del presente.

En el Parque Agramonte —espacio fundacional de la villa— se recreó aquel suceso de 1912 cuando la viuda del Mayor, Amalia Simoni, develó la escultura ecuestre. Actores del Guiñol de Camagüey, estudiantes de actuación y niños de la compañía La Andariega encarnaron a patriotas y vendedores de periódicos que, como si el bronce acabara de descubrirse, narraban la emoción colectiva.

La Banda Provincial de Conciertos ayudó a que el ambiente también fuera un viaje al pasado. Las escenas no eran mero espectáculo: fueron pedagogía cívica. Escuelas cercanas, trabajadores de instituciones y autoridades del territorio acompañaron un acto que colocó a Agramonte como eje moral y urbano.

Boda de Yanelis Columbié Nápoles y Yongel Carlos Capote González, ambos del proyecto “Mis manos pueden”, iniciativa de inclusión laboral impulsada por la Oficina del Historiador.Boda de Yanelis Columbié Nápoles y Yongel Carlos Capote González, ambos del proyecto “Mis manos pueden”, iniciativa de inclusión laboral impulsada por la Oficina del Historiador.

UNA BODA, TAMBIÉN SÍMBOLO

Como en otras ceremonias simbólicas realizadas allí, una pareja depositó la ofrenda floral ante el monumento. Esta vez, los novios son trabajadores de la propia Oficina, auxiliares generales formados en el proyecto inclusivo “Mis manos pueden”, surgido de un taller para personas en situación de discapacidad intelectual.

Luego, la boda tuvo su ceremonia en el patio de El Carmen, y más que gesto romántico fue declaración de principios: la ciudad patrimonial también se construye desde la inclusión. Cuatro personas ya trabajan gracias a ese proyecto; en junio egresarán más. Integrar, capacitar, acompañar a las familias: esa también es una forma de restauración.

“LA MANERA DE HACER TIENE QUE SER OTRA”

En diálogo previo con Adelante Digital, el director José Rodríguez Barreras fue claro: la Oficina ha debido reinventarse. De un plan de inversiones que superaba los cien millones de pesos se pasó a un escenario sin materiales de construcción y con severas limitaciones energéticas. La respuesta no fue la parálisis, sino la reorientación. Desde hace cuatro años impulsan un programa de sustitución de matriz energética que hoy permite afirmar algo inusual en el contexto nacional: la Oficina produce más energía de la que consume.

Paneles solares sostienen procesos en el Centro de Convenciones Santa Cecilia, en la Plaza de la Revolución y en el propio Parque Agramonte. Próximamente beneficiarán al Museo Ferroviario, cerrado por la rotura de un transformador. No se trata solo de eficiencia: se trata de autonomía y de no ser carga absoluta para el presupuesto estatal, cuando este año deben cubrir ya el 30 % de sus gastos.

El equipo de proyectos generó más de seis millones de pesos en 2025; el salario medio superó los 17 mil. Se estimula por resultados. Se proyecta una mipyme estatal desde Santa Cecilia. Se importan servicios en frontera para sostener restauraciones y mejorar condiciones de vida de los trabajadores. Hay casita infantil que beneficia incluso a otros organismos. Hay lavandería con energía renovable para que el empleado deje la ropa en la mañana y la recoja limpia al salir. No es triunfalismo: es adaptación.

La crisis también obligó a migrar al formato digital el sello editorial, aunque sin condiciones reales de consumo. Durante más de dos años no se pudo imprimir un libro. Hoy, con presupuestos ajustados y alianzas con formas no estatales de gestión, vuelve la impresión en tiradas reducidas: 200 ejemplares de la revista Senderos por el aniversario 512 de la ciudad; un libro de Lourdes Gómez en producción; la aspiración de imprimir dos libros y dos revistas al año. Más que cifras, es la voluntad de no interrumpir la memoria.

LA BATALLA MÁS COMPLEJA

Pero el director advierte que lo más difícil no es la escasez material, sino la erosión del comportamiento cívico.

—No son indisciplinas aisladas —afirma—. Son síntomas más profundos.

El parque no es pista de patinaje, recuerda, pero tampoco se pueden ignorar las carencias de espacios juveniles. La inacción sería peor. Para él, el Parque Agramonte es casi una extensión simbólica del héroe: irrespetarlo es irrespetar la herencia.

La batalla, entonces, es cultural, cívica y ética. Resistir, sí, pero con visión de futuro. Que la precariedad no desplace el amor por la ciudad ni el compromiso profesional.

La Oficina nació hace 29 años con un primer gran trazado: la Ruta de Agramonte, destinada a restaurar, conservar y dignificar los lugares asociados al héroe epónimo —entre ellos este parque—. Hoy muchas de esas metas están ralentizadas, como reconoce su director. No se pudo concluir el paseo de la calle Independencia. No se restauró todo lo previsto. Pero la institución se defiende a sí misma defendiendo la ciudad. Y no deja de proyectar.

Este 24 de febrero, mientras escolares escuchaban a los “vendedores de periódicos” anunciar la develación del monumento y una pareja depositaba flores ante el bronce, la historia volvió a decir que Camagüey no es solo un conjunto de edificaciones: es una ética.

 Pintura de Alejandrina Silvera Guerra que da la bienvenida en El Carmen, sede de la Oficina: arte que acompaña la labor cotidiana y recuerda que, entre planos y restauraciones, también late la poesía visual de la ciudad. Pintura de Alejandrina Silvera Guerra que da la bienvenida en El Carmen, sede de la Oficina: arte que acompaña la labor cotidiana y recuerda que, entre planos y restauraciones, también late la poesía visual de la ciudad.

La Oficina cumple 29 años sin haber podido hacer todo aquello para lo que surgió. Y, sin embargo, su mayor patrimonio quizá no esté en las piedras restauradas, sino en la decisión de no renunciar al sueño de la ciudad que todavía puede ser.