Y para las mujeres y hombres del surco, los que cargan con la responsabilidad de producir para el pueblo, la inquietud radica en cada detalle de su actuar.

Así lo demostraron en la asamblea provincial de balance de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Sus manos casi no soportaban la ligereza del lápiz con el que anotaban cada detalle, cada duda, cada problema que no podían dejar de analizar. Poco a poco, y con el temor característico a las formalidades, las cámaras y el micrófono, el debate se fue poniendo más candente, más necesario.

Para ellos no es un secreto que en materia de funcionamiento orgánico aún les resta mucho trabajo. Es imprescindible que las juntas directivas de las cooperativas realicen un trabajo particularizado —guajiro a guajiro, como ellos le llaman— para conocer cada situación que pueda entorpecer el desarrollo productivo. Claro que también merecen un tratamiento diferenciado los productores que obtuvieron tierras por los Decretos-Ley 259 y 300, porque muchos no proceden del sector y carecen de los conocimientos y las cualidades propias de los que nacieron junto “a la teta de la vaca”.

Cada socio debe entender que la cooperativa no es del jefe, ni de la junta, es de todos, así como el trabajo en la formación de valores y el sentido de pertenencia. Pero la atención y formación de conciencia no lo es todo.

El delito y las ilegalidades, punto poco discutido en el encuentro, persisten, pues en esta provincia todavía no se declara, o se desvía, alrededor del 30 % de la leche que se produce.

Para tener resultados, en condiciones como las nuestras, se necesitan mucha ciencia y capacitación, mucha luz larga. Por eso, para contrarrestar los efectos de la sequía, el refinamiento de la raza vacuna y la escasez de productos e insumos, es necesario acercarse a los conocimientos que brindan instituciones del Ministerio de la Agricultura y la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz. La siembra de pastos y forrajes para garantizar la comida para el animal, y el manejo de abonos naturales, están entre las técnicas que aún se pueden explotar con más certeza.

“Nos falta maldad para defendernos en lo jurídico”, decía una de las presidentas de cooperativa; sin embargo, ya algunos buscan el apoyo de abogados para establecer las relaciones contractuales con las empresas y, además, acuden a especialistas en economía para la planificación de los planes productivos y la compra de materias primas.

“Les cogemos miedo a los funcionarios cuando vamos a pedir créditos bancarios y nos dejamos enredar por algunos directivos de empresas; tenemos que prepararnos para defender nuestros intereses”, apuntaba un campesino guaimareño.

Es imperdonable que Acopio deba nueve millones de pesos por impagos a 193 unidades productivas, o que la descapitalización de la Empresa Cárnica conlleve a irregularidades en la compra de ganado. Estas situaciones deben ser discutidas desde las juntas directivas de base, la presidencia de la ANAP en el territorio, el Sindicato Agropecuario y los órganos del Gobierno. Si a los campesinos y cooperativistas, que producen con calidad, les suceden cosas como estas, ¿de qué conciencia y motivación estamos hablando?

Hoy se dan pasos importantes en planes de gran impacto como la producción arrocera y los cultivos varios; pero en una provincia que lucha por cumplir el compromiso azucarero, recuperar el programa citrícola y los índices ganaderos de antaño, no podemos fallarle al campesinado. Los problemas y tareas que persisten son gigantescos, pero en Camagüey las mujeres y hombres de la agricultura no pueden quedarse pequeños.

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