Oigan la música, es lo más importante, subrayó desde el comienzo de esta jornada en homenaje al padre de la escuela cubana de ballet, Fernando Alonso, por el centenario de su nacimiento.
La artista de origen cubano orientó varios ejercicios de estiramiento corporal y solicitó fluidez de movimiento a fin de potenciar la agilidad.
Reyes habló de intenciones, del conveniente fluir de energías y especialmente de la necesaria comunicación entre los danzantes y el público, al tiempo que ella demostraba con particular encanto todo lo expuesto.
Debemos hacer creer al público que somos más altos, sugirió la bailarina de pequeña estatura que en escena consigue ese efecto de grandeza aparejado a una ligereza que le permite desenvolverse en varios estilos.
El final de mi cuerpo está por allá, yo no lo veo, aseguró con la vista puesta en el infinito.
La bailarina aconsejó a los alumnos asumir la carrera con pasión o retirarse de ella pues solo pondrán atención en los dolores físicos y despreciarán la esencia del arte que es puro sentimiento.
Esta jornada pedagógica continuara mañana con una clase del maestro del Ballet de la Opera de País Cyril Atanassoff y el jueves con la del director del Ballet de San José, Estados Unidos, José Manuel Carreño, formado en la escuela cubana.
Los primeros bailarines del Ballet Nacional de Cuba Marta García y Orlando Salgado, ya retirados, clausurarán esta serie académica el viernes, día en que Reyes y Carreño bailarán en la noche dentro de la gala de clausura del XXIV Festival Internacional de Ballet de La Habana.
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