Gaiteros, lo que se llama tañedores de gaita, no abundan mucho en el continente americano e imagino que mucho menos en Cuba, mas en la ciudad de Camagüey contamos con un experimentado profesor de gaita.
Como ese instrumento no es cosa que yo domine, imaginé una entrevista a este solitario músico lugareño. Una mañana Nelson Dalmau Cervantes respondió gentil a mi invitación y nos sentamos a conversar en la sala aledaña a la redacción de Adelante. Reconozco que yo estaba motivado, porque por primera vez incursionaba en un tema tan novedoso como ese.
Para iniciar la charla se me ocurrió una pregunta genial: ¿es verdad que luego de muerto el gaitero la gaita sigue sonando sola?
Nelson Dalmau me miró como diciendo ¿y este de dónde salió?, pero muy educado solo se sonrió y me dijo: “Señor… no sabría decirle… tal vez...”.
Entusiasmado con la respuesta volví al ataque, ¿y usted ya sabía tocar la gaita o aprendió después?
Dalmau se puso de pie como para marcharse, se pasó una mano por la cabeza, pero regresó a su asiento con un suspiro. “Le diré, mi padre, que era de las Islas Baleares, tenía una finca en Florida, y allí iban a veces trabajadores gallegos y hacían su música. Escuché en ese lugar la gaita y me entusiasmó la idea de aprender a tocarla”.
—¿Y la gaita es un instrumento animal, vegetal o mineral?
En verdad hay gente que se molesta por cualquier cosa y por eso no creí que una simple pregunta como aquella molestara tanto a mi interlocutor, quien con un gruñido apartó su asiento del mío y fue a sentarse al otro lado de la sala.
“Las tres cosas”, dijo, pero después de eso se quedó en silencio por muchos minutos.
Traté de ser amable y le pregunté: ¿Quiere escuchar algunos refranes sobre las gaitas? Como no me respondió, inferí que estaba encantado con mi propuesta.
Pues escuche: “El que pa’ gaitero está apunta’o lo mismo da que corra que esté para’o”. ¿Qué le parece?
Yo me reí muchísimo, pero me pareció que Dalmau había fruncido el ceño con tristeza. Así que para animarle le eché otro refrán: “El gaitero soplando gana y no estando en la cama”. A ver, dígame algo de eso.
Pero él se encogió de hombros indiferente.
Como ante estos casos en que el entrevistado enfrenta alguna crisis emocional se recomienda que el periodista debe ayudar a elevar el ánimo del interlocutor, volví a la carga. Y dígame, estimado, ¿luego de su niñez siempre anduvo con una gaita soplando en todas las esquinas?
“Mire, señor —por fin respondió resignado— estando en el Servicio Militar, en La Habana, se organizó una compañía especial para la ceremonia del cañonazo de las nueve en La Cabaña y como adiestramiento se abrieron estudios para diferentes instrumentos musicales, entre ellos la gaita, y por supuesto me apunté en ese curso ofrecido en la Sociedad Rosalía de Castro.
“En definitiva ese proyecto no avanzó, pero formamos el grupo Aires Gallegos de La Habana, con profesores españoles. Incluso fuimos a hacer la graduación del instrumento a un festival en Santiago de Compostela, España. Luego he hecho música con otros instrumentos, pero siempre sigo muy apegado a la gaita”.
Eso está muy bien, pero veo que usted aprendió a ganarse la vida soplando. ¿Le parece eso algo serio?
“Pues mire que sí, la gaita no es igual a otros instrumentos y la dificultad está en la gran cantidad de respiración que hay que tener porque es la salida del aire lo que produce la música. Sepa también que hay diferentes tipos de gaitas. Por ejemplo, la escocesa, la gallega, la irlandesa. En Cuba prima la gallega. También hay música escrita especialmente para gaita, incluyendo conciertos. Es más, ahora tenemos en Camagüey un proyecto de agrupación para abarcar todas las regiones españolas y sin dudas gustará, veo en ese empeño desarrollo”.
Me permite una última pregunta: ¿Es verdad que los gaiteros pierden la mitad de su tiempo afinando su instrumento y la otra mitad tocando desafinado?
Nelson parece que estaba de prisa o no tenía un buen día, pues se puso de pie y se marchó. Hay personas así de apuradas en la vida.
No lo tomen a mal, es solo un divertimento periodístico. La realidad está en lo que nos relató este sencillo, siempre amable y persistente músico camagüeyano. Esperamos que tenga éxito en su empeño porque en realidad la gaita forma parte también del patrimonio histórico de la música cubana. Esta fue, junto a tamboriles y flautas, de los primeros instrumentos musicales que en América conocieron los pobladores aborígenes, los que unidos a tambores y güiros comenzaron a cimentar la creación musical en el Nuevo Mundo.
{flike} {plusone} {ttweet}
