Más bien, a estos tipos lo que les ha "entrado culillo", alguna que otra vez, como fríamente contara Lugo que le sucedió a Hernán cuando se quedó trancado en el baño del CU-455 de Cubana de Aviación donde acababa de colocar la bomba, y "(...) ¿cómo crees tú que se quedó encerrado?... ¡Por los nervios! (...) lo que él hizo es muy sencillo, ya lo llevaba preparado; lo que pasa es que se enredó un poco y yo entiendo. Después me contó que él creía que iba a volar de una vez, por el aire (...) yo también me sentí muy angustiado (...)"

Pues ya usted ve, hasta angustias y comprensión hubo entre ellos en aquel crucial momento en que esta pareja materializaba la macabra idea de Posada y Bosch.

Por más que trato, no alcanzo a imaginar la mezcla de sentimientos experimentados por la periodista venezolana Alicia Herrera cuando escuchaba tan repugnantes relatos; ella misma, en su trascendental libro Pusimos la bomba...¿y qué?, deja constancia del profundo desprecio que sintió ante la presencia de tales personajes.

Cada vez que releo las dramáticas páginas, siento, como le sucederá a la inmensa mayoría de los cubanos, el punzante dolor del crimen impune.

"(...) Todo estaba dispuesto para que saliera perfecto, se trataba de acabar con esos malditos comunistas (...) yo estaba cagado, un poco asombrado (...) Después que se cae el maldito avión es que me doy cuenta de que la cosa es muy seria, no porque se hubieran muerto esos comunistas, sino porque Hernán y yo pasábamos a ser sospechosos por habernos bajado en Barbados (...) Hernán inventó que nos fuéramos a Trinidad (...) nos metimos en un Holyday Inn (...) y fueron detenidos a la mañana siguiente por la policía local.

Aquel 6 de octubre de 1976, 73 personas perdían sus vidas.

Un día aquellos cuatro mensajeros del pavor fueron absueltos por falta de pruebas. No continúo con la historia, pues es sobradamente conocida.

La larga lista de agresiones terroristas en que han estado involucrados éstos y otros connotados asesinos, pesa sobre sus conciencias y nuestros corazones.

Andando el mundo, haciendo y deshaciendo, Posada Carriles y Bosch fueron a dar a las mismísimas entrañas del monstruo que los engendró, cuando ya ni a la CIA le convenía darles cobija bajo sus alas.

Lo cierto es que no habrá tranquilidad para muertos ni vivos, mientras jinetes del neoapocalipsis continúen cabalgando en el imperio del terror, como tampoco encontrará concilio el sueño de los revolucionarios, en tanto la paz de los pueblos no logre vestir su ropaje blanco, constantemente teñido con la sangre vertida por sus hijos a manos de tales centauros.

Recientemente han sido desclasificados documentos secretos que demuestran el conocimiento de la CIA "tenía inteligencia concreta de avanzada, tan temprano como junio de 1976, sobre planes de grupos terroristas cubanos exiliados, de atacar con una bomba un avión de línea de Cubana".

Nunca será un gusto para revolucionarios ni comunistas ver decapitar a sus verdugos; nuestro pueblo enérgico y viril continuará llorando y levantando sus razones para que la injusticia siga temblando.

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