A la larga, es algo hermoso, como lo remarcó Freddy Núñez Estenoz en sus palabras de apertura del evento. Que tantas personas se junten así a las puertas de una sala oscura en pleno siglo XXI de triples dimensiones y virtualismos, que algún un pillo escanee y reimprima credenciales para colarse y otros sencillamente se cuelen aprovechando el desconcierto del tropel; es señal inequívoca de que aún las tablas repican fuerte en el sentir y la necesidad de no pocas personas.
Al calor de los primeros minutos en que el aire acondicionado se estreñía para refrescarse algo el ambiente, el presidente de la cita nos recordó las nostalgias acumuladas en estos 30 octubres: "el Festival de Teatro, "NUESTRO FESTIVAL DE TEATRO", forma parte del patrimonio cultural de los camagüeyanos, varias generaciones han crecido a su amparo y hoy guardan para sí imágenes, sensaciones que calan hondo y resisten el paso del tiempo."
"Cada dos años, en esta laberíntica ciudad se reencuentran amigos, se polemiza sobre el destino del teatro, se aplauden las mejores producciones, el público toma las salas, las calles, las plazas, la ciudad toda se convierte en una suerte de convite..."
Luego de sus palabras de bienvenida y recuento, la propia agrupación que dirige acá en lo más céntrico de la Isla prorrumpió en escenario nada más y nada menos que con dramaturgia decimonónica: en honor al bicentenario de Gertrudis Gómez de Avellaneda, a quien su tiempo tan poco favor le hizo, los anfitriones del Festival quisieron empezar el programa de este 2014 con "El millonario y la maleta", comedia de enredos y pasiones torcidas donde la siempre atrevida Tula criticó convenciones sociales de su época.
Uno pensaría que los de Teatro del Viento están un poco locos por esto de meterse a actuar siglo XIX en pleno XXI, con toda la precisión que ello exige en materia de vestuario y textos si se intenta fidelidades al menos de esencia.
Pues sí, lo están... para nuestra buena suerte. Su versión del Millonario ha emergido anoche sobre la escena con los cortes y puntadas de una Nieves Laferté que no deja de maravillar jamás en su toque preciso para dibujar épocas, temperamentos, idiosincrasias mediante el recurso del traje; y con un guión adaptado de Norge Espinoza donde el ayer y el hoy se conectan a cada instante para hacer reír y pensar.
A pesar de la casi hora y media a que se extiende la trama, la picaresca intermitente de los parlamentos y gestos la hacen dinámica y cercana a los códigos actuales, a tal punto que los aplausos pueden interrumpir el curso de la historia ante un súbito bocadillo de contenido social deslizado en el texto.
Aunque si hubiese que elegir un único mérito de esta primera puesta del Festival número 15, de seguro la mayoría abrumadora de los espectadores apuntarán su preferencia hacia la actuación sencillamente "fuera de serie" de Anier Amayo en su papel de Rosa.
La hermana mediana y secundaria en la obra original se vuelve en la versión de los chicos de Freddy el epicentro de toda la atención. A pesar de las interpretaciones exactas y limpísimas del resto del elenco, ella (él) es la sensación de la escena y se roba el show con su desparpajo, sus cambios de voz, las setas zumbadas entre dientes, su gestualidad obscena y sobre todo, sus chistes mordaces.
Todo es algo que sucede con intención porque... aunque muchos conflictos sigan siendo los mismos (como aquel de que en esta Isla artista sea sinónimo de "muerto de hambre"); una reapropiación de Tula a estas alturas necesita un Rosa que amenice el ritmo.
La gente, sobre todo, ha disfrutado, ha reído mucho con este nuevo Millonario. Ha sido un intento de concreción felicísima que nos demuestra lo que avisaba ya desde hace mucho la sabia voz del Doctor Luis Álvarez Álvarez: "las obras no envejecen, lo que envejece es la perspectiva del creador teatral".
A la salida, programa en mano, cada cual ha empezado a marcar lo que el tiempo le dará chance a ver y aquí y allá se renuevan abrazos interprovinciales pendientes de actualización desde ediciones anteriores.
"¿A qué vas mañana?"... "¿Nos topamos en lo de El Público?"... vuelve la vida de Festival a mover durante una semana los destinos y rutas de aquellos que somos animales de teatro, y Camagüey trepida como si no fuera la ciudad más pausada de Cuba.
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