Separados físicamente por unos siete mil y tantos kilómetros oceánicos, uno no puede evitar el cliché de preguntarse ¿a qué se supone que suenen cuatro suizos y cuatro cubanos mezclando sus respectivas idiosincrasias musicales? Pues suenan muy bien, los de acá diríamos "casi como si todos fueran cubanos" (aunque acaso los rubios de Ginebra o Berna juzguen igualmente el talento a favor de su gentilicio).

La cosa es que ni estos suizos son los "patones" arrítmicos que el imaginario latino se figura, ni lo de amalgamar sonoramente a dos culturas tan distantes es en extremo complejo cuando el jazz media. De hecho, Mullener replica con su ceño fruncido que "no tanto", que no somos tan diferentes nada, y que Chala es "un buen piquete, una familia de casi quince años ya, donde todo fluye, donde hay entendimiento y madurez".

Tratando de dividirse a partes iguales para ser consecuentes con su doble nacionalidad, el conjunto ha grabado los 3 discos de su carrera acá, en los mismos estudios EGREM que inmortalizaron en platinos a Benny Moré, Pérez Prado o a los del Buena Vista Social Club; aunque son europeas las productoras que amparan los fonogramas. Sin embargo, hasta ahora no habían podido hacer gira por Cuba, a pesar de que ya varias ciudades de Suiza les han escuchado sus descargas.

En esas andan este septiembre, paseando la hibridez singular de su repertorio por la Isla, en periplo que ya ha visitado el Iris Jazz Club de Santiago de Cuba, la sede de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC) en Bayamo y la Escuela de Arte de Holguín, y que transitará además por plazas como Sancti Spíritus, Santa Clara, Cienfuegos y La Habana.

Agradecidos con el Instituto Cubano de la Música, la UNEAC, la Asociación Hermanos Saíz y la Embajada Suiza, que les promueven el periplo, los artistas buscan sobre todo presentarse en espacios públicos y abiertos a la interacción popular. "Nada de hoteles ni para los turistas", recalcan.

Camagüey tuvo el placer de escucharles la víspera, en el teatro de la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, en concierto que por su tristemente escasa promoción quedó apenas para el disfrute de los estudiantes de la institución.

En un formato atípico, donde faltaron suizos habituales y se sumaron en lugar de estos jóvenes premios Jojazz, los de Chala Cubana tocaron una decena de sus temas en los cuales la serenidad de los jardines friburgueses emergió desde mozambiques y danzones, para dejar algo de su sello en la noche serena de nuestra ciudad.

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