CAMAGÜEY.- Con una premisa sencilla —“primero hay que enamorarse del crochet”— comenzó en Camagüey un taller de verano que reúne a principiantes y alumnos avanzados en torno a una de las técnicas textiles más tradicionales.
La propuesta, organizada por la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), se desarrolla los martes y jueves de julio y agosto en la Casa de la Diversidad Cultural, bajo la guía de las artesanas Maribel Vidal, presidenta de la organización en el territorio, y Evelin Méndez, también integrante de la asociación.
El curso inicia desde los fundamentos: escoger la aguja adecuada según el grosor del hilo, realizar el primer punto y dominar la cadeneta, considerada la base de cualquier tejido. A partir de ella se construyen el punto deslizado, el punto bajo, el medio punto y el punto alto, así como las múltiples combinaciones que permiten crear desde accesorios hasta figuras tridimensionales.
Uno de los rasgos distintivos del taller es la convivencia entre estudiantes con diferentes niveles de experiencia. Para Vidal, trabajar con dos profesoras permite ofrecer una atención personalizada y respetar los distintos ritmos de aprendizaje. Mientras unas personas dan sus primeras puntadas, otras perfeccionan técnicas como los puntos en relieve y participan en proyectos colectivos que incluyen la confección de una alfombra modular y otros trabajos textiles.

La historia personal de Maribel Vidal ilustra cómo sobreviven los saberes artesanales. Aunque se graduó como técnica en Construcción y Reparación de Vías Férreas, aprendió crochet a finales de los años setenta observando a dos bibliotecarias, Marisol y Pipa, quienes terminaron guiándola en los primeros pasos. Desde entonces convirtió esa habilidad en una pasión que hoy comparte con nuevas generaciones.
El taller forma parte de una iniciativa mayor impulsada por el colectivo Las Hormigas Locas, integrado por artesanas de diversas manifestaciones dentro de la ACAA. Bajo ese proyecto también se organizan cursos de bordado, parche y, próximamente, macramé, con el propósito de rescatar técnicas tradicionales y atraer nuevos creadores.
Para Vidal, estas experiencias tienen un valor que trasciende el aprendizaje manual. En un contexto marcado por las dificultades cotidianas y el envejecimiento de la membresía de la ACAA —una realidad que refleja, afirma, la situación demográfica del país—, considera imprescindible abrir espacios para la creatividad. “Las personas necesitan hacer cosas creativas. En épocas de dificultades no todo puede ser quejarse. Hay que emplear la mente en cosas provechosas”, sostiene.
Más que enseñar a tejer, el taller busca garantizar la continuidad de un patrimonio construido puntada a puntada, donde cada cadeneta enlaza no solo un hilo, sino también la experiencia de quienes aprendieron mirando las manos de otros y ahora transmiten ese conocimiento a quienes comienzan.
