La jornada del 2014, nada breve, comenzó a regar serrín el pasado viernes 16, con la inauguración en la galería Midas de la filial local de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA) del salón central colectivo del evento.
La expo, realmente de lujo, agrupa obras de una docena de creadores inspirados en instrumentos musicales, todas concursantes por el premio central que será revelado el 12 de junio al tiempo en que se inaugurarán otras cuatro muestras personales enriquecedoras del Festival.
Hasta aquí todo muy bien, hay en Camagüey arte en madera para rato y oportunidad hasta el 28 de junio para ir a disfrutarlo en la esquinita de la calle Popular; pero es el intercambio con el público la gran frustración de la edición séptima, un fiasco realmente ajeno a las intenciones y esfuerzos de talladores y directivos de la ACAA.
Resulta que con la restauración de la céntrica Plaza de los Trabajadores (trabajo que dicho sea de paso dejó insatisfechos a muchos moradores por su chapucero acabado), aconteció para la Carcoma un cambio de escenario importante.
Antes, un número amplio de talladores ocupaban las inmediaciones de la Plaza para oficiar sus mañas de descascaradores de formas frente a los transeúntes, pero con el cambio de uso del espacio, las demostraciones en vivo-- plato fuerte del jolgorio-- tuvieron que replegarse a la mencionada esquina institucional de la Asociación.
Embullados por una suerte de plazuela que la propia Oficina se ofreció a repararles frente a su sede, para suplir espacio abierto a sus intenciones, la ACAA se planificó desde meses lejanos un reordenamiento de ese "botarse a la calle" que tanto gusta a la gente; pero como sucedió en febrero con el "Arte Plaza", la espera de más de un año por la conclusión del ofrecimiento ha frustrado el plan B, pues la esquina permanece adormecida en los malos olores de las aguas albañales que- a diferencia de brigadas constructivas- nunca le faltan.
Allí, encerrada entre rojas tejas "aluminadas" que hacen sentir a los afiliados como cerditos en un corral, la ACAA se empeña en hacer su Festival de la Carcoma a puertas semi-cerradas, con los pocos artesanos que caben cada día en su breve patio trasero. Ellos no han dejado de trabajar hasta este jueves en espera de que alguien, casi por casualidad, se atreviera a asomarse al sitio que parece bajo clausura.
De entre los nueve artistas que se han turnado el espacio, el único favorecido por la permanencia diaria, Rolando Molina Gutiérrez, nos ha hecho el resumen del ánimo colectivo: "Al no tener lugar abierto para la demostración en vivo, esta se limitó a lo que cabía aquí dentro: dos personas. Una venía a practicar una técnica cada día y yo me ocupé toda la semana de una misma pieza, desde el boceto hasta la terminación. A mí me encantaba antes... nosotros trabajamos el resto del año muy solos en nuestros talleres y la Carcoma era el momento de juntarnos, de ver qué estaban haciendo tus colegas, de compartir y mostrarse al público allá afuera. Pero este año hemos perdido eso."
Esperanzado en recibir una respuesta activa y no verbal-justificadora de las autoridades a quienes compete la ansiada terminación de la susodicha plazuela de la ACAA, Adelante digital no puede hacer otra cosa que lo que le toca: denunciar; y también, por supuesto, convidarlo a usted a que se asome, más allá de la barrera de las tejas, a enterarse también este mayo del preciosismo latente en el salón expositivo de la Asociación, de su quehacer obstinado y transgresor de dificultades.
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